1. Barro y Exoesqueleto


    Fecha: 09/02/2026, Categorías: Gays Autor: Noxia, Fuente: TodoRelatos

    ... hombre mayor, sentado en una mesa cercana, los observaba con ojos entrecerrados, mezcla de respeto y desdén. No dijo nada, pero su presencia era una palabra no pronunciada, una sentencia silenciosa.
    
    El sol se ocultaba lentamente, y las luces de gas terminaban de encenderse, llenando las calles con un brillo cálido y trémulo. La ciudad seguía adelante, implacable, indiferente, mientras dos figuras que desafiaban su orden caminaban, se tocaban, se miraban, sentían y existían.
    
    5
    
    ...
    
    La casa de Gregor era un refugio frágil, un espacio donde las paredes parecían absorber el peso del silencio. Afuera, la noche de Praga se desplegaba como un manto de terciopelo roto, salpicado de luces de gas y el zumbido lejano de los carruajes a vapor. Gregor y el Golem avanzaron por el pasillo, con sus pasos resonando en un eco desparejo: el crujido seco del barro del Golem, el roce metálico del exoesqueleto de Gregor. La hermana de Gregor, Grete, estaba en la cocina, removiendo una olla. Su mirada, al cruzarse con ellos, fue un filo helado, un desprecio que no necesitaba palabras. Sus ojos se detuvieron un instante en el Golem, en su figura imponente de arcilla húmeda, y luego en Gregor, con esa coraza que lo hacía irreconocible. No dijo nada, pero el aire se espesó con su rechazo, una sentencia muda que los empujó hacia la habitación de Gregor.
    
    Cruzaron el umbral y cerraron la puerta. La habitación era un universo pequeño, iluminado por la luz titilante de una lámpara de gas ...
    ... que proyectaba sombras danzantes sobre las paredes. La computadora, con sus tubos chisporroteando suavemente, parecía observarlos desde el escritorio, como un testigo silencioso. Gregor se detuvo, sintiendo el peso de su cuerpo extraño, con las placas de su piel vibrando con un pulso que no entendía del todo. El Golem, a su lado, exhalaba un calor húmedo, el aroma terroso del Moldava impregnado en su ser.
    
    Se miraron. No había necesidad de palabras. Los ojos del Golem, sin pupilas, pero llenos de una luz fosforescente, parecían contener siglos de anhelo. Gregor sintió un estremecimiento, no de miedo, sino de algo más profundo, un deseo que nacía en las grietas de su soledad. Extendió una mano, vacilante, y tocó el brazo del Golem. La arcilla estaba tibia, maleable, como si guardara el calor de un sol olvidado. El Golem respondió, posando sus dedos toscos pero cuidadosos sobre la coraza de Gregor, explorando las placas con una delicadeza que desmentía su forma.
    
    —¿Sientes esto? —susurró Gregor, con su voz quebrada por la emoción, mientras sus antenas vibraban suavemente.
    
    —Siento todo —respondió el Golem, con su voz resonando como un tambor profundo—. Siento el barro que me forma, y ahora… siento tu piel.
    
    El aire se volvió denso, cargado de una electricidad que no provenía de las máquinas, sino de ellos. Gregor acercó su rostro al del Golem, y por un instante, sus naturalezas dispares —barro y exoesqueleto— parecieron fundirse. Se besaron, primero con torpeza, como si ...
«12...6789»