1. Barro y Exoesqueleto


    Fecha: 09/02/2026, Categorías: Gays Autor: Noxia, Fuente: TodoRelatos

    ... temieran romperse mutuamente. Los labios de Gregor, aún humanos bajo la coraza, encontraron la superficie lisa y húmeda del Golem, un contraste que era a la vez extraño y perfecto. El beso se profundizó, hambriento, urgente, como si quisieran devorarse el uno al otro para llenar el vacío que la ciudad les había impuesto.
    
    El Golem deslizó sus manos por la espalda de Gregor, explorando las placas que cubrían su columna. Cada toque era un descubrimiento, un roce que hacía crujir la coraza como si protestara por ser tocada. Gregor, a su vez, hundió los dedos en la arcilla del Golem, sintiendo cómo cedía bajo su presión, moldeándose a su tacto. Era un acto de creación mutua, una danza de cuerpos que no obedecían las leyes de la carne corriente, pero que encontraban su propia verdad.
    
    La lámpara de gas parpadeó, proyectando sombras que se alargaban y entrelazaban. Gregor mostró su torso, donde las placas de su piel brillaban como porcelana rota. El Golem lo miró, no con rechazo, sino con reverencia, viendo en él un poema escrito en un idioma antiguo. Sus manos, anchas y toscas, acariciaron el contorno de las placas, trazando líneas que parecían encender la piel de Gregor con un calor nuevo.
    
    —Tú eres hermoso —dijo el Golem, y en su voz no había duda, solo una certeza que resonaba como una plegaria.
    
    Gregor no respondió. En cambio, se inclinó y besó el pecho del Golem, donde el barro era más suave, casi líquido, como si el río Moldava aún corriera bajo su superficie. El ...
    ... Golem gimió, un sonido grave que vibró en la habitación, y atrajo a Gregor hacia sí, chocando sus cuerpos con una intensidad que era tanto animal como sagrada.
    
    En ese instante, algo cambió. La habitación pareció desvanecerse, los contornos de la realidad se difuminaron como en un sueño febril. La coraza de Gregor comenzó a resquebrajarse, no con dolor, sino con una liberación que lo hacía sentir más ligero. Las placas cayeron al suelo, desmoronándose en polvo, y bajo ellas emergió su piel humana, pálida, vulnerable, la piel de un Gregor Samsa que había olvidado cómo era ser tocado. El Golem, a su vez, comenzó a transformarse. El barro se moldeó, se afinó, tomando la forma de un hombre alto, de piel oscura y brillante, con músculos que parecían esculpidos por un artista renacentista. Sus ojos, ahora humanos, eran profundos, de un marrón cálido que guardaba la memoria de siglos. Era hermoso, animal, un ser que irradiaba fuerza y ternura.
    
    Se miraron, sorprendidos, como si se vieran por primera vez. Gregor Samsa, con su cuerpo humano restaurado, sintió el calor de su propia piel, el latido de su corazón. El Golem, ahora un hombre de carne y hueso, sonrió, una sonrisa que era a la vez salvaje y dulce. Se acercaron de nuevo, esta vez sin barreras, piel contra piel, y el deseo los envolvió como una marea.
    
    Se tumbaron en la cama, crujiendo el colchón bajo su peso combinado. Las manos de Gregor exploraron el cuerpo del Golem, trazando cada curva, cada músculo, sintiendo la ...
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