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Antonio el camionero se folla a la Jessi (II)
Fecha: 10/02/2026, Categorías: Incesto Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... chorretón de aceite de oliva en el gazpacho, ya tenía claro que aquella familia le iba a dar una noche entretenida. La casa se fue apagando, poco a poco, después de que la Jessi le susurrara a Antonio al oído que lo esperaría en su habitación. Al levantarse de la mesa, el camionero se ajustó el pantalón con calma, se encendió un cigarro y, antes de desaparecer por el pasillo, le lanzó un guiño a Ramón. Un gesto corto, seco, de hombre de carretera, que decía más que cien palabras: espabila, chaval, que si te quitas de encima a la parienta aún tienes hueco aquí dentro. Ramón se quedó con el vaso en la mano, mirando aquel ojo cerrado con sorna, y sintió el pellizco en la barriga de quien sabe que le han dejado la puerta entreabierta a un mundo turbio y tentador. La tercera en desaparecer de escena fue la abuela de Jessi, que se retiró refunfuñando, apoyada en su bastón y mascullando que el haber hablado tanto de pollas le había hecho subir la tensión. Luego la siguió su bisnieto, con restos de tomate en las comisuras de la boca, que por orden de sus abuelos se metió en su cuarto con un dinosaurio de plástico en la mano y una pregunta pendiente en la cabeza: ¿Cómo podía caber esa barra de pan en el coño de su madre? Después, los padres de Jessi fingieron ver un rato más la tele, pero en cuanto se acabó un capítulo mil veces repetido del CSI: Las Vegas, la matriarca se retiró a su cuarto. Lo hizo con el moño flojo, el cigarro medio apurado y una última advertencia para ...
... su marido: —Ni se te ocurra andar husmeando, Monchito. Que te conozco más que a mis encías. —Tú duérmete tranquila, Mari —contestó él, haciendo el gesto de cambiar de canal aunque el mando no tenía pilas—. Que estoy reventao. Me veo un poquito de la reposición del Telediario y me meto yo también. Pero en cuanto escuchó el sonido de la puerta de su dormitorio cerrándose, el familiar quejido de los muelles del colchón matrimonial, el padre de Jessi se levantó en calcetines. Con la camiseta de tirantes pegada al cuerpo por el sudor, cruzó el pasillo como un zorro viejo merodeando el gallinero, su rabo semiduro ya desde antes. Se paró ante la puerta de la habitación de su hija, donde una luz tenue se colaba por la rendija inferior, y pegó la oreja con esa precisión de quien ya lo ha hecho muchas veces. Lo que oyó le puso la picha tiesa como una antena de UHF. Dentro se escuchaban sonidos húmedos, repetitivos, como si alguien estuviera lavando una palangana a lametones. El “chop-chop-chop” de la mamada era inconfundible, acompañado por los gruñidos graves de Antonio, que marcaba el ritmo como un capataz flamenco: —Así, bonita, bien abierta esa boca… respira por la nariz… Eso, trágala entera, demuéstrame que tienes la garganta curtida. Vamos, zorrita… que se te note la escuela de pueblo… y no me muerdas el capullo o te meto la polla hasta el esófago. El padre tragó saliva. Notó cómo se le levantaba del todo, como un resorte, aquella picha flácida que había ido ...