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Donde termina la familia
Fecha: 15/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos
... pasado—. O lo destruyo. Y salió, dejándola tirada en la cama, llena de él, sabiendo que esto era solo el principio de su nueva vida. Mariana pasó días encerrada en su habitación, el cuerpo aún marcado por las manos de su padre, la mente revolviéndose entre el placer y la culpa. Pero algo dentro de ella había cambiado. Cada vez que recordaba la forma en que Fabián la había poseído, la excitación brotaba... pero palidecía en comparación con el fuego que le encendía el cuerpo cuando su padre la tomaba. No era Fabián lo que deseaba. Era esto. El dominio. La crudeza. La forma en que su padre la doblegaba, la usaba, la hacía suya sin pedir permiso. Una sonrisa lenta se dibujó en sus labios. Si él podía chantajearla... ella también podía jugar. Empezó con pequeños detalles. Se ponía la ropa interior más pequeña que tenía y "accidentalmente" se agachaba frente a él. Se aseguraba de que su escote quedara a la vista cuando le servía el café por las mañanas. Y, sobre todo, aprendió a chuparlo como una diosa. —¿Qué haces? —gruñó su padre la primera vez que ella se arrodilló frente a su sillón, desabrochando su pantalón sin pedir permiso. —Calladito se disfruta más, papi —susurró, envolviendo su miembro con sus labios y mirándolo desde abajo. Él intentó resistirse, pero su cuerpo lo traicionó. Y cuando ella lo hizo venir con un gemido ronco, supo que tenía ganado el primer round. —Podrías dejar que Fabián viniera...? —murmuró una noche, montándolo ...
... lentamente, las uñas clavadas en su pecho— Lo vería solamente aquí en casa… si me dejas verlo aquí, donde tú puedas vigilar, prometo compensarte con mi culo estrecho… Su padre la miró con ojos oscuros, las manos apretando sus caderas. —¿Para qué quieres a ese mocoso si ya me tienes a mí? Ella se inclinó, rozando sus labios contra los de él. —Porque a ti te gusta ver cómo otro hombre me desea... pero al final, soy solo tuya. Un gruñido. Un movimiento brusco. Y de pronto, Mariana estaba boca abajo, su padre empujándola contra el colchón mientras le susurraba al oído: —Vamos a probar ese culito de una vez —su voz era áspera, cargada de una lujuria que ya no podía contener—, para poder tomar mi decisión. Mariana gimió cuando sintió la punta de su miembro, gruesa y exigente, presionando contra su estrechez virgen. —Relájate, hija —murmuró él, escupiendo en su mano para lubricarse—, o esto dolerá más de lo necesario. El primer empujón la hizo gritar. El segundo la partió en dos. Para el tercero, ya sus lágrimas se mezclaban con el sudor de su espalda, pero su cuerpo empezaba a ceder, a adaptarse, a arder con una plenitud que jamás había sentido. —¡Dios! —su padre jadeó, hundiéndose hasta el fondo—, más apretado que el de tu madre. Y entonces comenzó a moverse. Cada embestida era una revelación, una mezcla de dolor y placer que la hacía gemir en una voz que no reconocía. Sus manos se aferraban a las sábanas, su cuerpo empujado al límite mientras su ...