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Mi marido ahora es un cornudo complacido
Fecha: 23/02/2026, Categorías: Confesiones Autor: Daniela, Fuente: CuentoRelatos
Después de la pelea y discusión con mi esposo, en la cual se enteró que ya otro me había hecho suya, me sentí de veras muy mal, me dolía haberlo engañado. El domingo en la mañana, me levanté me percaté que estaba sola en casa. Me di una buena ducha y me arreglé como suelo hacerlo. Traté de ocultar el moretón que traía en la barbilla con maquillaje, eso me recordó el coraje que aún tenía en contra de mi esposo. Como me encontraba sola, así que después de arreglarme decidí ir a ver a mi mamá. Busqué mi bolso de manos y por más que lo busqué no lo encontraba; no recordaba haberlo puesto en otro lugar que no fuera sobre mi peinador… Hasta que se me ocurrió ir al estudio de mi marido y sobre su restirador estaban regadas las chucherías que suelo guardar en mi bolsa de mano. Me di cuenta que mi esposo había estado esculcando mis cosas, y con algo de pánico me di cuenta que en mi cartera no estaban mis tarjetas de crédito ni mi dinero, solo un triste billete de a cien pesos me había dejado… El muy cabrón me había dejado sin un peso, y por más que le di vueltas al asunto, no encontré la forma de saber en donde había ocultado mi dinero y mis tarjetas. Aun así, me fui a casa de mi madre… Regresé ya entrada la noche y me lo encontré viendo un programa deportivo y con una copa de licor en la mano. —¿Ya vienes de putear, cabrona?… —me dijo al entrar. Hice caso omiso a sus insultos y me fui a mi dormitorio, de inmediato entró tras de mí y volvió al ataque: —Siempre ...
... supe que eras igual de puta que la que te parió… —Deja en paz a mi madre, ¿si?; que ella ni mi familia te piden nada… —¿Qué no?… ¿Quieres que te lo recuerde?… —Ni los buenos días te deben… —Ya se te olvidó a quién le deben todo lo que tienen… Pero apuesto que no sabe la clase de piruja que tiene por hija, ¿o si?… Yo me voy a encargar de platicarles a todos los que te conocen la clase de perra que eres, cabrona —dijo arrastrando las palabras por efectos de la bebida. Fingí no escucharlo, pero me agarró del pelo y me estampó una bofetada que me hizo trastabillar… —Siempre supe que eras una puta y que te encanta la verga; y ahora vas a demostrar lo bien que te mueves en la cama para ganarte lo que te tragues porque no pienso darte un centavo… —No te olvides que la mitad de todo lo que hay aquí, me pertenece… dijo llorando. —¡Mira donde está tu mitad!… —dijo restregándose el bulto de la bragueta. —¡Aunque ironices papacito, la mitad de esto es mío!… —lo reté. —Sigue creyéndote eso, que te voy a mandar a chingar a tu madre y que estés a donde perteneces, pendeja; a un prostíbulo donde están los de tu raza… —Me valen tus amenazas, afortunadamente estuve con mi familia y ellos me brindaron todo su apoyo, ya que no pienso vivir al lado de un alcohólico enfermo… —dije mintiendo. —¡Chinga tu madre!… —me dijo dándose la vuelta. —Igualmente, estúpido… —dije y me eché a llorar. En la mañana del día lunes, me levanté antes que se fuera a su ...