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Mi marido ahora es un cornudo complacido
Fecha: 23/02/2026, Categorías: Confesiones Autor: Daniela, Fuente: CuentoRelatos
... oficina. —Me dejas mis tarjetas y mi dinero, por favor; si no quieres que levante un acta por agresión y despojo… —¡Estas pendeja!, todo me pertenece… —Ya lo veremos… Debí haberme imaginado que me quitaría todo lo de valor, pero mis acertados pasos me llevarían a ganar la partida. Después de ducharme, y desayunar, fui a su estudio y ahí estaban mis cosas, creo que no faltaba nada. Después de desayunar le marqué a Verónica, pero no la encontré, era con la que mayor confianza tenía; ella debía de saber como debía yo proceder ante tales acontecimientos. A mis otras amigas no les conté nada, ¿para qué?, nada más se concretarían en escucharme y hacer el chisme más grande. Pasaron tres días sin que nada cambiara, sin dirigirnos la palabra y mucho menos intentar la reconciliación. En realidad yo estaba inquieta y al mismo tiempo, confundida, aunque suene poco creíble yo lo quiero, y eso me tenía muy preocupada. Mientras tanto me dedicaba a leer, a pensar en lo que sería mi vida cuando mi marido se cansara de esta situación. El miércoles hablé con Vero y me aconsejó que no podía verme, pues andaba ocupadísima pues iba a ser madrina de pastel en una boda, pero que ya habría tiempo; mientras tanto me aconsejó a actuar con cautela y que cuando todo pintara mejor, hablara con mi marido, que en realidad él tenía la culpa por tenerme tan abandonada y yo siendo tan fogosa… Total que no saqué nada en claro. Quería hablar con alguien, pues me sentía sola y vacía; a mi ...
... familia no la quería preocupar hasta que tuviera algo en claro. Así que le marqué a Julio, pero la secretaria me contestó que andaba de viaje con unos ejecutivos, traté de hablar con Juan Emilio, pero me respondió Luis, quien me dijo que por qué no nos veíamos y hablaríamos. Le dije que me sentía muy deprimida y que necesitaba me reconfortara como amigo. Lo cité en un parque que está a unas cuantas cuadras de mi casa, que me buscara pues necesitaba hablar con alguien. Él llegó en su coche después de las siete de la noche. Estuvimos platicando dentro del carro, pero en realidad no paraba de acariciarme los muslos bajo mi vaporoso vestido, diciéndome lo buena que estoy, pero sin escuchar lo que yo decía, sobre mi situación; claro que no le hablé claro, solo que me sentía muy triste… Él por su parte intentaba atraerme para besarme y yo, sutilmente lo rechazaba. Yo intentaba encontrar consuelo a mi desdicha, a mi decaimiento, pero él tenía en mente otra cosa… Terminó por colar su mano entre mis muslos y empezó a acariciar mi almeja por sobre la pantaleta… —¡Por favor Luis, no estoy de ánimos!… —¡Mamita, ve cómo me pones!… —dijo señalando su bragueta. —Hay niños y nos pueden ver… Otro día, te juro que otro día lo hacemos, hoy no por favor… —pero mientras más me resistía, mayor empeño ponía. —Nadie nos presta atención… ¡Por favor nena, no me dejes así!… Quizá fue la depresión que sentía, el caso fue que puse mi mano sobre su verga, la sentí erectarse y de inmediato ...