1. El Juego del Tío y la Sobrina - Final


    Fecha: 01/03/2026, Categorías: Incesto Autor: Daniela Brito, Fuente: TodoRelatos

    ... su pantalón, sonriendo con una complicidad que solo años de secretos compartidos podían explicar.
    
    —Ve a cuidar a mi hija —murmuró, acercándose tanto que su aliento cálido rozó su oreja— como yo te cuidaba a vos cuando eras pequeño.
    
    Pablo no respondió, pero un destello de reconocimiento cruzó sus ojos. Marta se alejó, llevando los platos sucios hacia el fregadero, como si acabara de comentar el clima y no de dar permiso tácito para que su hermano violara a su hija.
    
    Eva estaba sentada al borde de su cama cuando Pablo entró sin llamar, cerrando la puerta tras de sí con un golpe seco. La habitación, iluminada solo por la lámpara de su mesita de noche, proyectaba sombras alargadas sobre las paredes, creando un escenario íntimo y opresivo a la vez.
    
    —Ponete boca arriba —ordenó Pablo, sacando una cuerda de su bolsillo mientras se acercaba.
    
    Eva obedeció, tendiéndose sobre las sábanas con una mezcla de miedo y anticipación. No hizo preguntas cuando Pablo ató sus muñecas al cabecero de la cama, ni cuando le levantó el vestido hasta la cintura, exponiendo completamente su cuerpo ya marcado.
    
    —Hoy no te merecés caricias —murmuró él, desabrochando su pantalón con una mano mientras con la otra le agarraba un pecho con fuerza—. Solo vas a recibir lo que te toca.
    
    Eva gimió cuando Pablo entró en ella de un solo empujón, sin preámbulos, sin preparación. El dolor inicial fue intenso, pero ya conocía ese juego, ya sabía cómo el dolor se transformaba en placer, cómo su cuerpo ...
    ... aprendía a disfrutar lo que su mente aún rechazaba.
    
    —¡Ah! ¡Tío! —gritó, arqueando la espalda cuando Pablo comenzó a moverse, cada embestida más fuerte que la anterior.
    
    Las ataduras en sus muñecas le impedían tocarlo, pero no necesitaba sus manos para sentir cada centímetro de él dentro de sí. Pablo la poseía con una ferocidad animal, agarrando sus caderas para clavar más hondo, para asegurarse de que cada empujón la hiciera gritar.
    
    —¿Te gusta, putita? —gruñó, inclinándose para morderle un pezón—. ¿Te gusta que tu tío te llene con su leche?
    
    Eva no pudo responder. Las palabras se le ahogaron en la garganta cuando Pablo cambió el ángulo, rozando ese punto dentro de ella que la hacía ver estrellas. Sus gemidos, cada vez más altos, más descontrolados, resonaban por la habitación, escapando bajo la puerta, llegando hasta la cocina donde Marta seguía lavando los platos, como si nada ocurriera.
    
    —¡Sí! ¡Sí, tío! —gritó Eva cuando el orgasmo la golpeó, haciendo que su cuerpo se convulsionara alrededor de Pablo, que no disminuyó el ritmo ni por un segundo.
    
    Fue entonces cuando él llegó también, derramándose dentro de ella con un gruñido gutural, hundiendo los dedos en su carne como para marcar aún más su posesión.
    
    El alba encontró a Eva exhausta, su cuerpo desnudo y marcado todavía atado al cabecero de la cama, las muñecas enrojecidas por la fricción de las cuerdas que Pablo había dejado apretadas durante la noche. El aire frío de la mañana se colaba por la ventana ...
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