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El Juego del Tío y la Sobrina - Final
Fecha: 01/03/2026, Categorías: Incesto Autor: Daniela Brito, Fuente: TodoRelatos
... entreabierta, haciendo que su piel se erizara, pero ni siquiera eso logró despertarla por completo del aturdimiento en el que había caído después de la tercera vez que su tío la había poseído. Los recuerdos de la noche anterior llegaban en fragmentos: las manos de Pablo sujetándola con fuerza, su voz susurrándole obscenidades al oído, el dolor que se transformaba en placer una y otra vez hasta que ya no podía distinguir entre uno y otro. El sonido de la puerta abriéndose la sacó de su letargo. Esperaba ver a Pablo, listo para reclamarla otra vez, pero en su lugar estaba su madre, Marta, con un delantal limpio y una expresión que no delataba ni sorpresa ni disgusto al ver a su hija desnuda y atada en su propia cama. —Apúrate, Eva —dijo Marta, desatando las cuerdas con movimientos prácticos, como si esto fuera parte de su rutina matutina—. Vas a llegar tarde a la universidad. Eva parpadeó, confundida, sintiendo cómo la sangre volvía a circular libremente por sus muñecas. Esperaba un reproche, una mirada de decepción, incluso gritos. Pero su madre actuaba como si encontrarla así fuera lo más normal del mundo. —Mamá, yo… —intentó hablar, pero las palabras se atascaron en su garganta. Marta la miró entonces, y por primera vez, Eva vio en sus ojos algo que nunca antes había notado: un brillo de reconocimiento, de complicidad. —No hace falta que digas nada —respondió Marta, pasando una mano por su cabello enredado—. Solo vístete. Eva se levantó de la cama, ...
... sintiendo cada moretón, cada marca que Pablo le había dejado. Se miró en el espejo y, en lugar de horrorizarse como la primera vez, sintió una extraña satisfacción al ver su cuerpo tan claramente poseído. Sin pensarlo dos veces, eligió su atuendo: un vestido ajustado que dejaba sus hombros al descubierto, mostrando las marcas de los dientes de Pablo; una falda tan corta que si se inclinaba un poco, se vería todo; y, por supuesto, el collar de perlas azules, ahora expuesto con orgullo alrededor de su cuello. "Ya no tengo que esconderme." Cuando salió de su habitación, su madre la esperaba en la cocina con un café listo. —Se te ve feliz —comentó Marta, observándola de arriba abajo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Eva tomó el café y sorbió un poco antes de responder. —Lo soy —dijo, y en ese momento, lo supo con certeza. Ese día, mientras caminaba por los pasillos de la universidad, sintiendo las miradas de sus compañeros en su cuerpo marcado, en su collar de sumisa, Eva entendió por fin la verdad que había estado evitando: su cuerpo ya no le pertenecía. Era de Pablo, completamente, irrevocablemente. Y esa revelación, en lugar de aterrarla, la llenó de una paz extraña, como si hubiera encontrado por fin su lugar en el mundo. Los años pasaron. Pablo, como siempre había planeado, se fue del país por trabajo, llevando consigo su experiencia en el arte de la dominación a nuevos territorios, nuevas sumisas que moldear a su antojo. Eva terminó la universidad, ...