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La chica del tren
Fecha: 01/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... llamativa, pero si encima estaba en pareja, me hacía pensar que Jesica no era una buena novia para mi hermano. —En realidad, nunca lo había hecho con ninguna mujer —dije sin embargo, guardándome mis especulaciones por el momento. —¿Y por qué lo hiciste esta vez? —preguntó ella. Me hablaba dándome la espalda. Pasaba con torpeza el rodillo en la pared. —Porque… —dije—. Como no te quejaste del otro tipo, pensé que no te ibas a molestar porque yo también lo hiciera. Pensé que mi iba a mirar con indignación, o cuanto menos con estupefacción. Pero siguió pasando el rodillo. —Pero cuando me tocaste creo que fui bastante clara en que me sentía incómoda —dijo. Y luego agregó—: Además, ¿de verdad pensás que una mujer puede disfrutar de ser abusada por siete hombres a la vez? Vaya, pensé, ni siquiera yo tenía en claro cuántos éramos en ese vagón, y ella parecía estar segura del número. —Por eso después te solté —dije—. Y con respecto a tu pregunta. Bueno… mi primera impresión fue que nos estabas provocando, y que te dejaste manosear. Solo recién cuando llegamos a la estación te mostraste arisca. —¡Ustedes me estaban reteniendo! —dijo. Obviamente tenía razón. Yo estaba transformando la anécdota, para que al menos pensara que estaba convencido de que había estado buscando ser abusada. Esa era una conclusión a la que había llegado a posteriori, pero en ese momento simplemente me dejé llevar por el poder que ejercíamos en ella, al ser tantos lobos para una ...
... sola caperucita. —Bueno, no es lo que yo recuerdo —dije. Me pregunté cuánto tiempo tardaría mi hermano. La pinturería quedaba a solo cinco cuadras. El clima se había tornado muy tenso. Aunque ella no le hubiera dicho nada, estaba jugado. Seguro Sergio notaría el cambio de humor de su novia, y la llenaría de preguntas hasta que le dijera la verdad. Estaba perdido. Pero eso, reconocer que no tenía salvación, me dio un nuevo impulso. —Lo estás haciendo mal —dije—. Tenés que dejar que el rodillo absorba más pintura, y tenés que hacer movimientos más largos, y ejercer más presión en la pared. Ella se detuvo, y siguió mi consejo. Se inclinó de nuevo, con una sensualidad que comprendí que era totalmente natural para mi cuñada. Cuando se irguió, una enorme cantidad de pintura cayó al piso. Aunque estaba empapelado con diario, era probable que lo traspasara. —Bueno, quizás exageraste un poco con la cantidad —le dije, riendo. Pero eso no sirvió para distender el ambiente. Jesica seguía tensa. Me acerqué a ella, por detrás. Tomé su mano. —Así —dije. Manipulé su mano con la mía, para indicarle la manera correcta en que tenía que pasar el rodillo. Al hacerlo, me apoyé en su espalda. Mi entrepierna apoyada en su trasero, el cual ella tiraba levemente para atrás, debido a la posición en que se había parado. Hicimos el movimiento una, dos, tres veces. Jesica se encogió, evidentemente contrariada, pero no se apartó hasta después de un rato. Sentir ese pulposo orto ...