1. La chica del tren


    Fecha: 01/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... apretándose sumisamente en mi verga hizo que esta engordara.
    
    —Bueno, gracias por enseñarme. Ahora puedo hacerlo sola —dijo.
    
    Sonreí. Tuve el fuerte presentimiento de que me había encontrado con una mina de oro. Me acerqué a ella antes de que retirara la mano con el rodillo del balde. La tomé de esa mano. Ella soltó el rodillo y se dejó llevar por la presión que le estaba ejerciendo, hasta que se irguió, y se encontró de nuevo cara a cara conmigo.
    
    Su semblante tomó una expresión muy parecida a la que había tenido cuando acaricié su trasero en el subte. Parecía estar suplicándome.
    
    Metí mi mano en mi boca y mojé algunos dedos con saliva. Luego la llevé a su mejilla y la froté, ahí en donde se había manchado con pintura, hasta que esta desapareció. Jesica solo había atinado a retroceder un poco, encontrándose con la pared que había estado pintando, manchándose la pollera en el acto.
    
    —Por favor, dejame en paz —dijo, en un susurro.
    
    Pensé que se iba a apartar, pero se quedó ahí, esperando a que yo fuera el que me alejara. Cosa que evidentemente no hice. Apoyé mi mano en su rodilla, y fui subiéndola lentamente, penetrando por adentro de su pollera.
    
    No estaba seguro de qué clase de mujer era Jesica. No es que pareciera sentir un poderoso deseo hacia mí, cosa que yo sí sentía por ella. Pero por algún motivo se quedó ahí, completamente inmóvil, mientras mis dedos se frotaban en su muslo.
    
    Le corrí la bombacha a un costado y hundí dos de mis dedos en su jugosa ...
    ... concha. Ella suspiró profundamente. Su cuerpo se estremeció. Sus senos parecieron hincharse. Me sorprendió la amplitud de su sexo. Ella cerró los muslos, para evitar que siguiera hurgando en su interior, pero ya era demasiado tarde, pues ya me encontraba adentro. La penetré a mayor profundidad, hasta que los dedos que estaban cerrados se encontraron con la vulva. Mi cuñada gimió. Su expresión de goce se interrumpió inmediatamente por uno de rabia. Comprendí que lo que la molestaba no era que la estuviera penetrando con mis dedos, sino el placer de su propio cuerpo.
    
    No podía verse más sensual, con sus labios separándose contra su voluntad mientras yo le encastraba mis falanges sin piedad; con la tela de la pollera cayendo en mi brazo, que se perdía en su entrepierna.
    
    Entonces escuchamos que la puerta principal estaba siendo abierta. Retiré la mano inmediatamente. La pollera de Jesica cayó, y se acomodó por sí sola.
    
    —¿Todo bien, cabezón? —me dijo mi hermano.
    
    Lo saludé con un movimiento de cabeza. No podía darle la mano, ya que mis dedos estaban impregnados por los fluidos vaginales de mi cuñada. La había puesto en mi bolsillo, lo que también ayudaba a esconder la erección que me había provocado la putita de mi cuñada.
    
    —Todo bien, permiso, me voy al baño un toque —dije.
    
    No tenía ganas de orinar, obviamente. Iba a lavarme la mano, pero tuve una tentación. Olí mis dedos. La muy puta estaba mojada. Por fin lo entendía. Su expresión de súplica no significaba que estaba ...
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