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La chica del tren
Fecha: 01/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... tomó, no la solté. Jesica tironeó pero yo seguía aferrado a ella. —Basta —dijo—. Si seguís molestándome, le voy a contar a tu hermano. Me dio gracia lo que me decía. Lo lógico hubiera sido que ya se lo hubiera contado hacía rato. Definitivamente había algo que no estaba bien en esa chica. Y como yo no era ningún caballero, pensaba explotar esa debilidad. La cochera estaba vacía. Era bastante grande, pero había pocos autos. Probablemente la mayoría de los propietarios se habían ido por el fin de semana. De todas formas, solo uno de los ascensores bajaba hasta ahí, así que si bajaba alguien más, me enteraría con tiempo de sobra, pues en principio deberían llamar al ascensor. Finalmente le entregué la mochila. Pero la seguía hasta el auto. Antes de que pudiera abrir la puerta del vehículo, me abalancé sobre ella, y rodeé su cintura con los brazos, inmovilizándola. —No —dijo ella, con debilidad, casi como si no se creyera su propia negativa—. Por favor, ya basta. Soy tu cuñada. —Una cuñada muy loca, y muy puta. Torció el cuello para poder mirarme. No dijo nada, pero en sus ojos pude ver que había dado en el clavo. Jesica tenía serios problemas psicológicos. Quizás hasta era una paciente psiquiátrica. Me pregunté si ambas cosas estaban relacionadas. Es decir, si su locura estaba directamente vinculada con su actitud sumisa y provocadora. Era lo más probable. ¿Sería una ninfómana? —No quiero hacerlo. No quiero —dijo, esta vez levantando la voz. Trató de ...
... zafarse. Pero mis brazos estaban cerrados como tenazas, inmovilizándola a pesar de sus estériles intentos. Como dije, no soy ningún caballero, y a pesar de su negativa, no me olvidaba de que tenía el sexo empapado. La liberé de un brazo, pero con el que aún la tenía atrapada, apliqué mucha más fuerza, por los que sus intentos de librarse de mí seguían siendo infructuosos. Le levanté la pollera y bajé su ropa interior. Me bajé el cierre del pantalón, y la penetré. Me sorprendió la puntería que tuve, considerando que ella aún se movía. Pero una vez que tuvo mi pija adentro, se quedó quieta. Parecía que estaba reconociendo que acababa de perder una batalla. Puso sus ojos en blanco, y su cuerpo desistió de todo forcejeo. Su cuerpo se sentía liviano, suave y caliente. La penetré una vez más. La verga entraba con increíble facilidad. Jesica empezó a gemir. —¿No era que no querías? —dije yo, y la penetré con más fuerza. Sentía su suave trasero cada vez que le hundía mi falo por completo. Ahí estábamos, en el subsuelo del edificio en donde vivía mi hermano, en esa cochera oscura, apareándonos sin poder controlarnos. Jesica había apoyado las manos en el techo del coche. Había separado las piernas y había dejado que yo hiciera lo que quisiera, totalmente resignada. No tenía un papel activo en la traición. De hecho, parecía una muñeca inerte, simplemente dejándose ultrajar. Pero su cuerpo la traicionaba a cada rato, pues sus continuos gemidos no hacían más que reflejar el ...