1. La chica del tren


    Fecha: 01/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... goce que estaba experimentando.
    
    Acabé adentro de ella. No me había molestado en ponerme un preservativo, y mucho menos me iba a molestar en eyacular fuera de su cuerpo.
    
    Jesica se subió la bombacha y se acomodó la pollera. Parecía abrumada. No quiso mirarme a los ojos. Pero yo la vi de perfil. Otra vez tenía esa expresión de ira con la que parecía reflejar la indignación que sentía hacia su propia excitación, hacia su propia debilidad. Entró al auto, y se fue.
    
    Mis padres se sorprendieron cuando se enteraron de que Jesica había abandonado a Sergio. Y mi hermano era el más sorprendido. Durante un tiempo el temor volvió a atormentarme. Era obvio que la loca de mi excuñada había querido que la cogiera. Pero nada me quitaba que se inventara que la había obligado. Pero nuevamente el paso del tiempo me hizo apaciguar mis miedos.
    
    Otro pecado había quedado sepultado, y solo viviría en los recuerdos de Jesica y míos.
    
    Estaba convencido de que ella desaparecería de nuestras vidas. Pero un día Sergio vino con la noticia de que la había dejado embarazada.
    
    —Estamos intentando volver —comentó.
    
    Me dio mucha pena. Era obvio que seguía enamorado de ella, y también era obvio que Jesica solo regresaba con él para no criar a su hijo sola. Era patético. Sin embargo, la posibilidad de volver a verla, yo por ende, de volver a cogérmela, me resultaba muy tentadora.
    
    En una ocasión, cuando ya estaba de ocho meses, encontré la oportunidad de estar a solas con ella, cosa que había ...
    ... sucedido muy pocas veces. Ella se había mostrado esquiva, y las ocasiones en las que volvimos a vernos siempre estaba mi hermano o mis padres en el medio.
    
    Suele decirse que cuando las mujeres están embarazadas, se ven más hermosas que nunca. Esto realmente no es cierto, ya que a algunas mujeres el embarazo les sienta terriblemente mal. Pero mi cuñada sí cumplía con esa máxima. Era todo redondeces y sinuosidades. Los senos y el trasero parecían querer desgarrar las prendas con las que apenas podía cubrirse. La piel, siempre perfecta, ahora gozaba de una luminosidad y una suavidad que superaba a la que siempre tenía. El pelo negro estaba suelto. Un pelo oscurísimo y brilloso contrastando la hermosa palidez de su cuerpo.
    
    Nos encontrábamos en el departamento de Sergio, que ahora era de ambos. Él había salido a comprar unos medicamentos. Pobre Sergio, jamás sabría las cosas que esa mujer hacía cada vez que él iba a hacer algún mandado.
    
    No parecía incómoda con mi presencia. Hasta el momento había creído que simplemente sabía disimular muy bien. Pero ahora que estábamos solos no se veía afectada por el hecho de estar a solas conmigo. Me incliné, y apoyé la mano en su barriga.
    
    —Es tuyo —dijo.
    
    No me sorprendió. Sergio me había contado que, supuestamente, había engendrado esa criatura en una noche en la que se le rompió el preservativo. Pero era demasiada casualidad, y las fechas coincidían con el día en el que la poseí en la cochera. Lo más probable era que Jesica haya ...