1. Hipnosis erótica II 9: perdiendo el control


    Fecha: 10/03/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos

    ... el medio, y ella se acomodó, poniéndose de rodillas a mi lado, para luego inclinarse para volver a chuparme la pija. Esa posición era perfecta para que mi mano se deslizara hasta su nalga, para acariciarla, mientras ella me la seguía chupando.
    
    Mientras la acariciaba con movimientos circulares, sin dejar de sentir en ningún momento ese placer explosivo en toda la entrepierna, sentí cómo su piel parecía encenderse bajo mi tacto. La carne era suave y tersa. Los dedos se hundían en ella sin piedad, y mamá solo parecía preocupada por hacerme un buen pete.
    
    Le corrí el pelo de nuevo, para verle la cara mientras lo hacía. Su boquita húmeda envolvía mi falo, y su lengua trabajaba con expertís, haciendo que todo mi cuerpo hiciera movimientos espasmódicos.
    
    Mi mano seguí en ese precioso orto que le miraba todos los días con hambre. Y ahora lo tenía en mi poder. Toda ella estaba en mi poder. Le di una suave nalgada. Ella ni se inmutó. Siguió chupándomela, como si no la hubiera sentido, lo que me instó a darle otra nalgada más fuerte, y otra más.
    
    Era maravilloso ver cómo la carne de sus nalgas temblaba y se enrojecía a medida que recibía mis azotes. Y mamá todavía prendida de mi pija, obediente, empeñada en hacer una perfecta mamada que me sacaría toda la leche.
    
    En mi pija todo era placer, y en mi mano toda suavidad. El cuerpo entero estaba relajado, disfrutando de sus estímulos. Me escuché gimiendo con intensidad. Luego dejé de azotarla, y empecé a acariciarla suavemente. ...
    ... Luego la agarré del cabello y detuve su movimiento.
    
    —Está muy bueno cómo lo hacés. Pero ahora te quiero coger —le dije.
    
    —Okey, ¿cómo querés que lo hagamos? —preguntó ella.
    
    Escuchar esas palabras solo hizo que sintiera más ganas de penetrarla de una vez. Me puse de pie.
    
    —Solo ponete boca abajo.
    
    Ella lo hizo. Se colocó boca abajo, sobre el sofá. Apoyó la cabeza sobre uno de los almohadones. Tuvo que poner las piernas levemente flexionadas, para entrar con el cuerpo entero.
    
    Yo me desnudé, dejando la ropa en el piso, cerca de donde descansaba su lindo vestido floreado. Me subí al sofá. Lo primero que hice fue desabrocharle el corpiño. Luego llevé la mano al elástico de la bombacha.
    
    La bajé despacito, dejando su orto desnudo. Me incliné y le mordí la nalga. Era como si estuviera muerto de hambre y me pusieran un combo de hamburguesas en las narices. Lo hice instintivamente. Solo después de un rato me di cuenta de que iba a quedarle la marca de mis dientes.
    
    Me separé de ese culo goloso. Miré la marca innegable en uno de sus glúteos. Ya estaba hecho. Solo me quedaba que se le borrara pronto, y que mamá no se mirara el culo, al menos esa misma noche.
    
    Me acomodé sobre ella. Arrimé mi labios a su oreja.
    
    —No te preocupes, mami. No te vas a acordar nada de esto. Mañana vas a seguir siendo la misma madre de siempre. Vas a retarme porque no arreglo el cuarto como vos querés. Vas a mirarme como el pequeño hijo que vos pariste. Así que vas a estar bien. ¿Saber ...
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