1. Hipnosis erótica II 9: perdiendo el control


    Fecha: 10/03/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos

    ... eso te alivia un poco?
    
    —Sí, creo que… es lo mejor —dijo.
    
    Entonces, sin más preámbulo, hundí mi verga en ella. Todo el cuerpo de mamá tembló, y sus gemidos empezaron a resonar en la sala de estar.
    
    Me hundí más en su sexo, dejando que la humedad de su vagina se mezclara con la mía. Cada movimiento lento parecía sincronizado con el ritmo de nuestras respiraciones, que comenzaban a acelerarse. Ella arqueó ligeramente la espalda, y un suspiro suave escapó de sus labios, llenando el aire con una cadencia que parecía envolvernos a ambos.
    
    Pasé mis manos lentamente por su cintura, sintiendo cómo su cuerpo respondía con pequeños temblores a medida que me meneaba sobre ella. Sus músculos se contraían y relajaban en un vaivén que me parecía hipnótico. Ella giró un poco la cabeza, dejando entrever una expresión entrecortada que hablaba de entrega y vulnerabilidad.
    
    El crujido apenas audible del sofá bajo nuestro peso, y el eco de nuestras respiraciones llenaban la habitación.
    
    De repente, mis embestidas empezaron a ser más salvajes. La agarré del cabello, y empecé a hundirme en ella a un ritmo desenfrenado. Era como si fuera mi montura. Una yegua siendo domada a puros pijazos.
    
    Ella sentía placer, eso era innegable. No solo lo sabía por la lubricación de su sexo, sino por sus gemidos desaforados, y su mirada lasciva cada vez que se daba vuelta a mirarme.
    
    Lo mejor era que estaba lejos de llegar al orgasmo. Creo que debido a que la hice interrumpir la mamada, justo en ...
    ... el momento en donde el placer parecía haber llegado al máximo nivel, ahora hizo que el clímax se alejara más en el tiempo.
    
    Y justamente eso que era, en principio, una buena noticia, fue lo que hizo que me alarmara.
    
    De pronto me detuve.
    
    ¿Cuánto tiempo había pasado? La había hecho desnudarse, caminar, bailar, hacerme una mamada. Y me la estaba cogiendo desde hacía un rato. Mi corazón empezó a golpear con fuerza.
    
    Retiré la verga de su interior, apurado. Me bajé del sofá, y busqué el celular, con desesperación. Cada segundo que pasaba hacía que me sintiera más asustado.
    
    —Mami —dije—. Vestite, y andate a tu cuarto. Vas a recordar que te agarró un fuerte dolor de cabeza y te fuiste a descansar.
    
    Seguí buscando el celular, solo para darme cuenta de que había estado siempre en el sofá, en una esquina. Lo agarré, desesperado, y miré la hora. Pero no la había visto cuando todo comenzó, así que no podía saber cuánto tiempo pasó. No obstante, estaba seguro de que ya había pasado la media hora, y, en el mejor de los casos, estaba en la etapa de esos diez minutos extras en los que el efecto de la hipnosis era de baja intensidad, y aún podía implantarle recuerdos y darle órdenes simples. Bueno, eso sería en el mejor de los casos.
    
    Pero la actitud de mamá me hizo temer lo peor. Porque no me había obedecido. Se había quedado boca abajo, y recién cuando pude activar la app de nuevo, empezó a levantarse.
    
    Volver a hipnotizarla era arriesgado, pero era la única opción, para ...
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