1. La culpa la tienes tú (2): Después de la pillada


    Fecha: 11/03/2026, Categorías: Incesto Autor: kuenteroo, Fuente: CuentoRelatos

    ... pajeaba oliendo sus calzones.
    
    Me fui relajando, me fui sintiendo en confianza poco a poco. Mis jadeos fueron in crescendo. Ella allí, sentada en la silla frente a mí y en silencio, también comenzó a tocarse los muslos y sus piernas las iba abriendo como alas de mariposa. Pero la saya no me permitía ver más allá de dos muslos carnosos que se juntaban y se separaban. Ella no decía una palabra. Solo me miraba embelesada. Parecía disfrutar de todo eso. Mirar mis gestos genuinos de morbosidad le divertía. Se mordisqueaba los labios y se acariciaba sus muslos, su abdomen y sus pechos por encima de su vestido. Yo mantenía el mismo ritmo lento y excitante. Mi glande gordo se asomaba y se escondía entre mi mano derecha y con la izquierda sostenía pegado a mi cara la tanga sucia recién quitada.
    
    -Sigue, así, así, Miguel -por fin habló, casi en un gemido.
    
    Yo meneaba mi verga. Ella alzó las piernas en la silla doblando sus rodillas. Puso sus talones al borde de la silla. La saya del vestido se tumbó por gravedad desnudando por completo sus piernas. Pude divisar sus nalgas sin dejar de oler su tanga recién quitada. Abrió sus piernas con un aleteo sinuoso. Su mano derecha tapaba su sexo. Ella meneaba y frotaba sus dedos por su vagina oculta a mi vista solamente por su mano. La escena no podía ser más estimulante para un joven escaso de sexo real como yo. Me costaba creer que todo eso estuviera sucediendo. Pero así era. Todo era real. Mi tía también inició gemidos suaves sin dejar ...
    ... de mirar mi rostro y mi acto pajero.
    
    La intensidad de todo eso se hizo más patente. Para mi fortuna, ella retiró su mano de su zona vaginal y se acarició sus muslos. Por fin le conocí su vulva, rojiza, carnosa y con vellos púbicos, aunque solo por un breve instante. Bajo después sus piernas y la saya volvió a cubrirlo todo. Se puso de pie. Yo detuve mi paja.
    
    -Sigue. No pares, hm, sigue por fa.
    
    Obedecí. Seguí pajeándome allí sentado con su tanga en mi cara todavía. Ella se acercó. Se acomodó de pie detrás de mi silla. La perdí de mi campo visual. Desde atrás su mano retiró la tanga que yo sostenía con mi mano. Restregó sus dedos índice y medio por mis narices. Estaban mojados. Sucios de ella. Sucios de sus jugos íntimos, cálidos acabados de recoger de su gruta húmeda. El olor intenso, pegajoso, invasivo, groseramente morboso. Aspiré como un drogadicto perdido y rastrero. Sus tetas grandes sirvieron de apoyo a mi cabeza que se balanceaba en un éxtasis sin precedentes. El cosquilleo en mi verga era inevitable. Punto de no retorno. Alcancé a decir:
    
    -Ay, tía-aa ah ahh, hmmm
    
    -Shhh, baja la voz –alanzó a decirme como con un eco lejano.
    
    Eyaculé a borbotones ahí sentado y vencido. Mi leche describía parábolas que chocaban con la zona del piso donde poco antes habíamos bailado. Mi tía, desde atrás me abrazo fuerte disfrutando sonriente con cada espasmo que yo daba al eyacular con mi pájaro en total libertad.
    
    -Hmm, si, que lindo, Miguel. Hm, sí. Te viniste por mí. Te ...
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