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La culpa la tienes tú (2): Después de la pillada
Fecha: 11/03/2026, Categorías: Incesto Autor: kuenteroo, Fuente: CuentoRelatos
... viniste para mí. Que rico, que rico. Se reclinó un poco. Extendió su mano y para sorpresa mía. Me agarró la verga. Me masturbaba y acariciaba el falo con suavidad dejando que su mano se ensuciara de los últimos escupitajos de semen que salían ya sin mucha fuerza por la boquilla del glande. Le divertía sentir en su mano las palpitaciones post eyaculatorias del pene. Me miraba con ojos dilatados y desafiantes mordisqueando sus labios, como para que no me quedara ninguna duda de que eso era lo que ella quería ver, hacer y que estaba satisfecha. Yo exhalé el orgasmo. Sentí ganas de lanzarme, tocarla, quitarle el vestido, conocerle y comerle las tetas o alzarle le falda y meterle mano a su cuca mojada, lamérsela como perro hambriento. Quería ser yo el atrevido, pero fui mesurado. De todos modos, el respeto estaba allí. Sentado conmigo. Preferí dejar que siguiera siendo ella quien timoneara toda esta locura incestuosa. Mi verga se relajó hasta ponerse fláccida. Ella, con actitud de autoridad me hizo un gesto para que yo volviera a subirme mis pantalones y tapar mi desnudez. Lo hice. Entonces. Ella se me sentó en el regazo, con sus piernas abiertas, frente a mí, en esa pose tan fantaseada, como si estuviéramos copulando en la silla. Sentí el calor de su cuca desnuda justo encima del calor de mi verga ya medio dormida. Me abrazó. Pensé que me iba a besar. Pero no. Solo acercó su rostro peligrosamente al mío. El tufo a ron le salía en su respiración agitada. Ahí noté que ...
... ella también estaba alterada sexualmente. Respiramos en silencio varios largos segundos. -Ya sé que esto fue loco. No sé qué pienses de mí ahora. Soy tu tía, pero soy mujer también. Perdóname que te haya puesto incómodo con todo esto, pero eres irresistible a veces para una mujer tan sola como yo. La culpa la tienes tú. Me dijo cada frase con una precisión de financista. Tomaba un respiro antes de decir cada una. Su tono era de mujer algo tomada, pero bien consciente. Su mirada, esa mirada, con sus ojos grandes acuosos yo los conocía bien. Eran como de mujer enamorada. -No muchos hombres son así, Miguel. Juiciosos, lindos, detallistas, colaboradores, respetuosos, disciplinados, siempre limpios y bien vestidos. Eso nos pone loca a muchas por si no lo sabías. Gracias por esas flores tan lindas. Me quedé en silencio. Sonrojado otra vez. No era para tanto, pensé. Mirando sus ojos tan cerca a los míos. Oliendo su tufo de tragos y con ganas de estamparle un beso en la boca. Sentía tan rico su cuerpo pequeño, cálido envuelto tan seductoramente en el mío. No me resistí. Me lancé a buscar su boca. Ella retiró su rostro para esquivar mi atrevido intento de robo de beso. Me miró con ironía. -Hm, no, no, no. Miguel. Soy tu tía. No sabía leer ese juego de seducción. No entendía como una mujer que acababa de terminar de pajearme con su propia mano y darme a oler su dedo sucio de vagina, ahora no me permitía un beso. Un simple beso. Sentí vergüenza. Me daba pena haber cruzado ...