-
La joya y su reina
Fecha: 12/03/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: LIDIA, Fuente: TodoRelatos
... Todo le resultaba nuevo. Casi irreal. Pero no incómodo. Se sentó a la mesa y lo dejó hacer. No dijo nada más. Solo lo observó en silencio, mientras él servía el agua y colocaba las servilletas, con esa mezcla de vergüenza y calma que empezaba a hacerse habitual entre ellos. Cuando todo estuvo listo, él se sentó frente a ella. No se atrevía a levantar la vista. —Gracias —dijo ella, antes de empezar a comer—. Huele muy bien… aunque lo haya traído yo. Él sonrió por primera vez desde que lo había descubierto. Y comieron. Sin prisas. Sin hablar demasiado. Algo había cambiado. Pero ninguno de los dos supo aún ponerle nombre. 3 Habían pasado varios días desde aquella tarde. Ander no se había vuelto a vestir con ropa femenina. Tampoco llevaba la jaula. Mónica no le dijo nada, pero no lo olvidó. Guardó la llave en su joyero, junto a unos pendientes de oro que apenas usaba. No sabía muy bien qué pensaba. Solo que aquello seguía dando vueltas dentro de ella. Esa noche estaban en la cama. Mónica tumbada, con las piernas abiertas. Ander entre ellas, lamiéndole el coño con esa suavidad precisa que parecía haber nacido sabiendo. Mónica cerró los ojos. Hundió una mano en su pelo. Él gemía bajito mientras la besaba allí, como si lo hiciera con devoción. Se corrió. No tardó demasiado. Lo hizo despacio, con las piernas tensas, la respiración temblorosa y un leve suspiro que le escapó de la garganta. Él permaneció allí, besando su sexo húmedo con una ternura ...
... que rozaba la gratitud. —Supongo que si ahora te digo que me expliques lo del otro día o no te dejo correrte… —dijo ella, entre seria y en broma—, eres capaz de elegir no correrte, ¿no? Él sonrió, aún con la cara entre sus piernas. Le besó el coño una vez más y luego se acomodó, apoyando la mejilla sobre su pubis. Se hizo un silencio. Ella le acariciaba el cabello con suavidad. —Cuando era adolescente… tendría doce o trece años —empezó él—, empecé a usar la ropa interior de mis hermanas mayores. A escondidas. Me sentía bien. Las envidiaba. No por sus cuerpos, ni por su ropa en sí… sino porque las veía afortunadas. Como si ser chica fuera algo que te daba permiso para ser… no sé.. Deseada. Veía como se preparaban para salir, como cuidaban su aspecto. Y yo también quería eso. Ella no dijo nada. Seguía acariciando su pelo. Él continuó, sin levantar la vista. —Lo hacía cuando no había nadie en casa. Me ponía unas braguitas o un top viejo… y me miraba al espejo. No me excitaba siempre. Pero sí muchas. Y otras solo me quedaba mirándome, acariciando las braguitas, sintiéndolas en mis dedos. Mónica bajó la mano y le acarició la nuca. No con compasión. Con interés. —¿Y lo de la jaula? —preguntó en voz baja. —Vino después. Mucho después. Fue… como un gesto de negarlo, me refiero a lo que se esperaba… es complicado explicarlo. Me calma. Me centra. Me siento más… yo. Ella se incorporó un poco, lo miró con gesto travieso. —Vale, muñequito. Pero ahora quiero ...