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Nosotras, hijas del fuego
Fecha: 16/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos
... atreve a mirar. Las chicas de la élite —las que hablaban en voz baja y comían con tenedor de postre— intentaban ignorar la energía que se había instalado en el salón. Pero era inútil. La búsqueda de la autora del cuadro se había vuelto un juego, una especie de rito. Algunas fingían no saber nada, otras escribían nombres en servilletas como si fueran apuestas. Y algo más ocurrió: muchas comenzaron a verse como musas. Se sentaban con el cuello alargado, con las manos en gestos suaves, y les pedían a sus amigas que las pintaran. No por vanidad, sino por curiosidad. ¿Cómo me ves tú? ¿Qué parte de mí elegirías mostrar? Los profesores, que hasta entonces corregían sin mirar, comenzaron a participar. Uno llevó acuarelas, otro habló de la luz en los hombros. La solemnidad habitual se deshizo como una tela vieja. Había risas, preguntas, incluso silencio que no pesaba. Pero Annabelle no bajó de la torre a comer. Elena lo notó. No por celos, ni por sospecha. Lo notó como se nota una ausencia que tiene forma. Como si la torre, de pronto, fuera más alta. Al día siguiente, algo cambió. No fue un evento, ni una palabra. Fue una ausencia. Annabelle no bajó. El desayuno se sintió lánguido, como si el pan estuviera más seco y la leche más tibia. Nadie lo dijo, pero todas lo notaron. Las cucharas se movían sin ritmo, las conversaciones eran huecas, y Elena, que había despertado con una extraña energía, comenzó a perderla entre sorbos de té. Las clases volvieron a ...
... ser monótonas. La profesora hablaba de perspectiva, pero nadie la escuchaba. Los pinceles se movían sin alma, como si la pintura hubiera dejado de ser revelación y volviera a ser tarea. El ambiente se tiñó gris. No por el clima —aunque las nubes ayudaban— sino por algo más profundo. Como si el misterio se hubiera evaporado, y con él, la posibilidad de ser vistas. El almuerzo no fue agradable. Las chicas comían en silencio, algunas miraban la torre, otras miraban a Elena, esperando quizás que ella hiciera algo. Pero Elena no sabía qué hacer. Solo sabía que Annabelle no estaba, y que, sin ella, el cuadro parecía menos real. Durante el día, las chicas intentaron llenar el vacío con imitaciones. Algunas se sentaban en poses estudiadas, con la espalda recta y la mirada perdida, como si esperaran ser descubiertas por un pincel invisible. Otras se ofrecían como modelos, susurrando entre risas: —Píntame como pintaron a Elena. Pero nada tenía el mismo peso. Las pinturas eran correctas, incluso bellas, pero carecían de ese temblor que había sacudido el salón. Era como si todas quisieran ser vistas, pero ninguna se atreviera a ser revelada. La profesora, inquieta, organizó una actividad especial: "Retrato emocional", lo llamó. Cada alumna debía pintar a otra sin verla, solo describiéndola con palabras. Quería recuperar el momento perdido, ese instante en que alguien había mirado más allá de la ropa, más allá del gesto. Pero las palabras eran torpes, y los trazos aún ...