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Nosotras, hijas del fuego
Fecha: 16/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos
... cuenta del silencio, y sacude la cabeza con una sonrisa. —¿Por qué, por qué, por qué...? —murmura, como si se regañara a sí misma por distraerse. Elena se acerca por detrás. La abraza con suavidad, rodeando su cintura, apoyando el rostro en su espalda. —Tranquila... sé guardar secretos —dice, mirando sus siluetas reflejadas en el gran espejo. Annabelle la observa a través del cristal. No dice nada al principio. Luego, con un gesto lento, le da un beso en la mejilla. —Más te vale —susurra, y baja envuelta en su bata hacia el baño. Elena se queda un instante frente al espejo. No se mueve. Luego lleva la mano a su mejilla, como si quisiera guardar el calor del beso. No sonríe. No suspira. Solo permanece ahí, quieta, atesorando el lugar donde fue tocada. Elena se queda frente al cuadro, inmóvil. La luz del observatorio cae sobre el lienzo como si lo acariciara. Hay algo en esa figura pintada que le resulta familiar, inquietantemente familiar. La postura, la curva de los hombros, la forma en que la cadera se insinúa bajo la tela. Con el corazón latiendo con fuerza, se acerca al espejo. Se desviste lentamente, no por impulso, sino por necesidad. Necesita comparar, confirmar. La ropa cae al suelo en silencio. Su cuerpo, aún en transición, se revela: pechos pequeños, caderas que comienzan a redondearse, un leve vello en la entrepierna. Todo delicado, contenido, como si aún no supiera que puede ocupar espacio. Y entonces lo ve. El lunar. Justo donde el ...
... cuadro lo muestra. Un detalle imposible de adivinar con ropa puesta. Un secreto que alguien ha pintado sin pedir permiso. —¿Qué haces desnuda? —la voz de Annabelle irrumpe como un trueno. Elena se cubre instintivamente, como si el espejo la hubiera traicionado. —Yo... debo ir a mi habitación —balbucea, sin mirar a Annabelle. Baja la escalera con pasos rápidos, la vergüenza ardiendo en su pecho. No por estar desnuda, sino por haber sido descubierta en el acto de reconocerse. Elena se sienta en el borde de su cama. La habitación aún guarda el calor del amanecer, pero en su mente todo es bruma. El cuadro. Los archivos. El lunar. El beso. Sus pechos. La venda. Sus labios. El calor de ese beso. Cada imagen se superpone como transparencias mal alineadas. No sabe cuál mirar primero. Todas la miran a ella. Se alista para el aseo. El uniforme cae con lentitud, como si cada prenda pesara más que la anterior. Al llegar al baño, el vapor la envuelve. El aire está lleno de murmullos, risas, cuerpos desnudos que se mueven como sombras entre la niebla. El agua corre, tibia, constante. Las voces flotan: —¿Viste el cuadro? —¿Quién será la artista? —¿Jugamos "Nunca no" esta noche? Pero Elena no escucha. O mejor dicho, no les escucha a ellas. Solo se oye a sí misma. En su mente, vuelve a la torre. A la princesa atrapada. A la duda que no es de Annabelle, sino suya. Porque ahora lo sabe: no es Annabelle la que está encerrada en ese lugar alto, rodeada de espejos y ...