-
Nosotras, hijas del fuego
Fecha: 16/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos
... voz, cuando llega, es baja, como si hablara más para sí que para Elena. —No pinto lo que veo. Pinto lo que se revela cuando alguien se deja mirar. Elena bajó al comedor con pasos distintos. No más seguros, no más lentos, pero sí más conscientes. Como si cada movimiento llevara una intención que antes no sabía que tenía. Las chicas la miraban, algunas con curiosidad, otras con algo parecido a respeto. No era solo su cuerpo lo que había cambiado, era la forma en que lo habitaba. Annabelle estaba ya sentada, con la espalda recta y las manos cruzadas sobre el mantel. No dijo nada durante toda la comida. No miró a nadie. Pero su silencio no era ausencia, era contención. Elena la observaba de reojo, tratando de disimular la intensidad de sus miradas. Cada gesto de Annabelle parecía medido, como si estuviera sosteniéndose a sí misma para no desbordarse. Y entonces, el tintineo de la copa. La directora, siempre ceremoniosa, se puso de pie. —Como todas saben, ha llegado la fecha del concurso literario. Este año, las obras serán entregadas de forma anónima. Pero se premiará a quien decida salir del anonimato y reclamar su trabajo. Hubo un murmullo general. Las chicas se entusiasmaron. Algunas ya soñaban con la gloria, otras con la transgresión. —Mi relato será como me pintan sin ropa —dijo una, entre risas. —El mío será del amor... ese que es prohibido —susurró otra, con los ojos brillantes. —Yo escribiré sobre el internado, y cómo han cambiado las cosas ...
... para bien. —El mío será misterioso. Algo que se va cociendo a fuego lento. Elena escuchaba, pero no oía. Su mirada seguía a Annabelle, que se levantó sin decir palabra y salió del salón. Nadie pareció notarlo. Nadie, excepto Elena... y su madre, que la observaba desde la tarima con una expresión que no era del todo maternal. Era más bien inquisitiva. Como si supiera que algo se estaba gestando, algo que escapaba a los márgenes del internado, a las reglas, a los planes. Elena sintió que el concurso no era solo una oportunidad. Era una provocación. Una puerta. Y quizás, una forma de responder a lo que Annabelle aún no se atrevía a decir. Los días pasaban como hojas arrancadas con cuidado. Elena escribía en secreto, cada palabra una confesión disfrazada, cada frase un suspiro contenido. Su relato no era solo una historia: era una carta encubierta, una ofrenda velada a Annabelle. Escribía sobre cómo la hacía sentir cada vez que la miraba, cada vez que estaba cerca, cada vez que la tocaba sin tocarla. No usaba nombres, pero el cuerpo que describía era inconfundible. La mirada, el silencio, el lunar. Todo estaba allí, como si el papel pudiera sostener lo que su voz aún no se atrevía a decir. El internado parecía sumido en un hechizo. Había más vida en los pasillos, más comunión entre las alumnas. Las risas eran más sinceras, los secretos más compartidos. La profesora de literatura se convirtió en la figura más buscada: su oficina tenía una fila constante de chicas que ...