1. Nosotras, hijas del fuego


    Fecha: 16/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos

    ... querían saber cómo decir lo que no se podía decir.
    
    —¿Cómo puedo escribir esto sin que me expulsen?
    
    —Quiero decir que cuando pinta me mira los pechos, pero suena muy fuerte.
    
    —Necesito más fuerza para mi relato, una narrativa que sorprenda a todas.
    
    —Quería escribir sobre Annabelle y Elena. Me parecen ideales, pero no sé si es apropiado, profesora.
    
    La profesora escuchaba, corregía, sugería. Pero también guardaba silencio cuando debía. Sabía que algo estaba ocurriendo. Algo que no podía detener, pero que podía acompañar.
    
    Una tarde, Elena subió a la torre. Quería hablar con Annabelle, mostrarle un fragmento de su relato, quizás leerle una línea, quizás solo mirarla mientras lo hacía. Pero al llegar, se detuvo. Desde dentro, se oía una conversación. No distinguía la otra voz, pero la de Annabelle era clara.
    
    —Estamos tan cerca. No lo arruines. No sabes los sacrificios que he tenido que hacer para poder completar el plan.
    
    Elena se congeló. ¿Plan?
    
    —Descuida. Sé lo que tengo que hacer. El concurso literario es perfecto para nuestros fines. Me lo hubieras comentado antes. No sabía de su existencia.
    
    —¿Y la joven? —preguntó la otra voz—. Siento que estás entrando en un camino pedregoso. Ya sabes cómo termina. Fui testigo ausente de aquello, y me dolió saber de tu sufrimiento.
    
    —Lo tengo controlado. Confía en mí. Estoy enfocada.
    
    —Que así sea.
    
    Y entonces, juntas, gritaron:
    
    —Nous ne sommes pas des poupées, nous sommes des guerrières! (No somos ...
    ... muñecas, somos guerreras.)
    
    Elena lo entendió de inmediato. Su francés era fluido. Pero lo que no entendía era el contexto. ¿Qué plan? ¿Qué sacrificios? ¿Qué papel jugaba ella?
    
    Se escondió tras la cortina de la ventana, justo cuando el pomo de la puerta giró. La figura desconocida salió. Se detuvo. Movió la cabeza. Miró la cortina. Sabía que Elena estaba allí. Pero no dijo nada. Solo se retiró, desvaneciéndose por el pasillo como una sombra que sabe demasiado.
    
    Elena se quedó quieta. El corazón golpeando como si quisiera escapar. Sabía que algo había cambiado. Que su relato ya no era solo una confesión. Era una pieza en un tablero que no conocía.
    
    El internado se vació con una rapidez que no parecía humana. Las alumnas se marchaban en oleadas, como aves migratorias que no miran atrás. Las maletas rodaban por los pasillos, las risas se desvanecían en los patios, y las puertas se cerraban con un eco que parecía definitivo.
    
    La mañana comenzó con una calma distinta. Annabelle se levantó temprano, sin que nadie la llamara. Caminó descalza por los pasillos del internado, donde las paredes estaban cubiertas por paneles de madera oscura que crujían suavemente bajo el peso del tiempo. Los retratos al óleo de antiguos directores la observaban con solemnidad desde lo alto, y los bustos de filósofos griegos parecían inclinarse apenas, como si quisieran escuchar sus pasos.
    
    En las aulas vacías, los mapas enrollables colgaban como cortinas olvidadas, y las pizarras aún conservaban ...
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