1. Nosotras, hijas del fuego


    Fecha: 16/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos

    ... leer.
    
    La complicidad era desmedida. El deseo, contenido. La libertad, absoluta.
    
    Una tarde, Elena pasó por fuera del baño. Había vapor. Eso significaba que alguien estaba tomando un baño. Se descalzó. Sus pies sobre las baldosas no emitían ruido alguno. Fue entonces cuando la vio.
    
    Annabelle, totalmente desnuda, bajo el grifo. El agua caliente caía sobre ella como una cortina de luz. Su cuerpo era una imagen onírica, suspendida entre lo real y lo imposible. Elena se quedó quieta, como si el aire la hubiera atrapado.
    
    La piel de Annabelle brillaba con el vapor, como si estuviera hecha de seda húmeda. Su espalda era larga, suave, con una curva que parecía dibujada por una mano paciente. Las caderas, generosas, se movían apenas con la respiración. Los muslos firmes, los tobillos delicados. Y los pechos, redondos, con pecas que parecían constelaciones. Elena pensó que, si fuera poeta, escribiría sobre ese cuerpo como quien escribe sobre un paisaje que no se puede conquistar, solo contemplar.
    
    Annabelle no se dio cuenta. Se dejaba abrazar por el calor del agua, con los ojos cerrados, la cabeza inclinada hacia atrás, los labios entreabiertos. Elena no apartaba los ojos de ella. Hasta que lo vio.
    
    Una marca en el seno. Una media luna. Justo bajo su pecho izquierdo.
    
    Elena se paralizó. Era la misma que había visto en el cuadro de la torre. La misma que no podía haber inventado. La misma que solo podía pertenecer a quien se había pintado a sí misma junto a ...
    ... ella.
    
    Retrocedió por donde vino, con cuidado de no hacer ruido. Su corazón galopaba. Estaba eufórica. Annabelle se había pintado a sí misma a su lado. No era una musa. Era una elegida.
    
    La joven divagaba en su mente, entre imágenes y preguntas, cuando la pelirroja salió del baño, con una toalla cubriéndola. El cabello mojado caía sobre sus hombros como hilos de cobre.
    
    —¡Aquí estás! —dijo con una sonrisa—. Hagamos algo divertido hoy. Salgamos de excursión.
    
    No sospechaba lo que Elena había descubierto. No sabía que el hechizo había cambiado de forma. Que ahora, además de juego, había certeza.
    
    Y Elena, sin decir nada, solo asintió. Porque a veces, el amor no necesita palabras. Solo una marca en la piel. Y alguien que sepa leerla.
    
    Se vistieron con entusiasmo infantil, como si la excursión fuera una travesura más que una caminata. Mochilas al hombro, calcetas gruesas, una muda de ropa por si llovía, sándwiches envueltos en servilletas con dibujos, leche en botellas de vidrio, una brújula que giraba sin sentido y un mapa que parecía dibujado por una niña con secretos. El bosque las esperaba, y ellas caminaban como si fueran parte de él.
    
    Elena iba adelante, saltando sobre raíces y piedras. De pronto se detuvo, giró sobre sus talones y dijo:
    
    —¿Y si jugamos "Nunca No"? Pero si dices que no, esta vez, recibes una nalgada. Si titubeas, también. ¿Lista?
    
    Annabelle se rió, se ajustó la mochila y dijo:
    
    —Estoy lista para perder con estilo.
    
    Turno de Elena
    
    —¿Me ...
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