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Nosotras, hijas del fuego
Fecha: 16/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos
... sentó en la cama, y la observó en silencio. —Mañana llegan —dijo Elena, sin girarse. —Y volveremos a la rutina —respondió Annabelle, con una voz que no ocultaba el desánimo. Elena bajó la mirada. Jugaba con el borde de su manga, como si buscara algo que decir y no lo encontrara. Annabelle la miró con atención. No con prisa. No con expectativa. Solo con esa forma suya de estar presente sin invadir. —Entonces es nuestra última noche solas —dijo—. Aprovechemos el momento. Elena sintió que algo se abría dentro de ella. Una puerta que había mantenido cerrada por miedo, por respeto, por no saber si era bienvenida. —¿Miremos las estrellas, quieres? —propuso Annabelle, con una sonrisa suave. Elena giró el rostro. La miró. Y dijo: —No. Annabelle se detuvo. No por la respuesta, sino por el tono. Elena no había dicho "no" como quien rechaza. Lo había dicho como quien exige. —Quiero que demuestres lo que soy para ti —añadió Elena—. Ahora. Sin cambiar el tema. El silencio que siguió no fue incómodo. Fue denso. Fue necesario. Annabelle se levantó. Caminó hacia ella. No con prisa. No con dramatismo. Solo con esa forma suya de moverse como si el cuerpo pensara antes de actuar. Se detuvo frente a Elena. La miró. Y luego se sentó a su lado, en el alféizar, tan cerca que sus brazos se rozaban. —No sé si puedo darte todo lo que imaginas —dijo—. Pero sí sé que no quiero que esta noche se convierta en otra que fingimos olvidar. Elena no respondió. Solo la miró. ...
... Con los ojos detrás de los lentes más abiertos que nunca. No por sorpresa. Por entrega. Annabelle levantó una mano. La apoyó sobre el muslo de Elena, apenas. Como quien pide permiso sin palabras. La rubia no se movió. No se tensó. Solo respiró más lento. —¿Puedo hacerte una pregunta? —susurró Annabelle. —Sí. —¿Todavía quieres jugar "Nunca no"? Elena sonrió. No por el juego. Por lo que significaba. —Una sola pregunta —dijo. Annabelle se inclinó. Su voz rozó el oído de Elena como una brisa tibia. —¿Puedo besarte? Elena cerró los ojos. No por miedo. Por certeza. —Sí. Annabelle no esperó más. No hizo de ese momento una ceremonia. Solo se acercó, con la lentitud de quien sabe que no hay prisa, y la besó. No fue un beso largo. No fue un beso urgente. Fue un beso que decía "te veo", "te reconozco", "te elijo". Elena apoyó la cabeza sobre el pecho de Annabelle, donde las pecas dibujaban constelaciones que solo ella podía leer. Se sintió querida. No deseada. Querida. No hubo palabras. No hubo caricias. Solo ellas, sobre la cama, escuchando las olas romper contra las rocas. El portón se abrió como si el tiempo volviera a correr. Las chicas llegaron en oleadas, con maletas, risas, abrazos fingidos y secretos que aún no sabían cómo guardar. Los profesores también regresaron, con sus carpetas bajo el brazo, sus gestos ensayados, sus miradas que intentaban parecer indiferentes. El internado volvió a llenarse de ruido, de pasos, de murmullos que se ...