1. Nosotras, hijas del fuego


    Fecha: 16/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos

    ... tú.
    
    Annabelle abrió la boca, pero Elena la interrumpió.
    
    —Y aunque sé que tienes secretos, hay uno más grande que sé de ti. Y he esperado semanas para saber si te atrevías a revelarlo. Noche tras noche. Esperando pacientemente. Pero evitabas el tema. Te alejabas. Dejándome con esta incertidumbre.
    
    —Elena, yo...
    
    —Nuestra última noche —continuó Elena, sin dejarla terminar—. Me hiciste una promesa. No con palabras. Con un gesto. Algo que esperé por mucho tiempo. Algo que me permitía dormir por las noches. Pero ya no sé si llegó tarde.
    
    Se acercó al cuadro cubierto con tela. Lo descubrió con un movimiento firme. Señaló la figura pintada bajo la luz tenue.
    
    —Dime. ¿Por qué te pintaste a mi lado en el cuadro?
    
    Annabelle dio un paso atrás.
    
    —Elena, no...
    
    —¡No! —gritó la joven—. No te atrevas a negarlo. He visto la marca. Esta.
    
    Señaló la medialuna dibujada bajo el pecho izquierdo de la figura en el cuadro.
    
    —Eres tú. Pude verla mientras te bañabas esta tarde. Las gotas acariciaban tu cuerpo. Respóndeme. ¡Quiero saberlo!
    
    Annabelle guardó silencio. Bajó la vista. No supo qué decir. El aire se volvió denso. El tiempo, lento.
    
    —Yo te amo —dijo Elena, con voz quebrada—. He hecho todo, todo para que me veas. No me importa lo que diga el mundo de nosotras. Quiero que el fuego nos queme a ambas. Y solo así... renacer de nuestras cenizas.
    
    Y sin esperar respuesta, salió de la habitación. El portazo resonó como un disparo. Como una ruptura. Como un ...
    ... comienzo.
    
    El gran salón del internado Las Albas estaba repleto. Las alumnas se habían congregado desde temprano, vestidas con sus uniformes impecables, murmurando entre sí con nerviosismo. Se preguntaban quién sería la misteriosa autora del manuscrito que había ganado el concurso literario. El barullo era constante, como una corriente que se negaba a calmarse.
    
    Y entonces, otra vez, el tintineo en la copa.
    
    La directora se puso de pie, con su porte habitual, y habló con voz clara:
    
    —Señoritas, ha llegado el momento de la premiación del concurso literario. Daremos solo cinco minutos para que su autora suba a buscar su premio.
    
    Se sentó. El salón quedó en silencio. Los minutos avanzaban. Los segundos se quemaban como hojas en una fogata. Algunas chicas se miraban con ansiedad, otras contenían la respiración. Y justo antes de que el reloj marcara el final, una alumna se levantó.
    
    Todas las miradas se clavaron en ella. Profesores, alumnas, personal del instituto. La joven avanzó hacia la tarima con paso firme. Subió los escalones sin titubear.
    
    La directora se levantó, se acercó a ella y le dijo:
    
    —Felicidades. Has ganado el premio. ¿Quieres regalarnos unas palabras?
    
    Vanessa Van Tassen tomó el micrófono. Su voz era templada, sin adornos, pero con convicción.
    
    —Profesores, compañeras... me siento honrada de ser reconocida hoy. Mi trabajo, aunque humilde, solo es un esbozo de lo que queremos para nuestra sociedad. Espero que el tema no se olvide, ni se diluya entre otros ...
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