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Nosotras, hijas del fuego
Fecha: 16/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos
... trabajos, porque sé lo importante que es en nuestro mundo actual. Gracias. El aplauso fue inmediato. Los profesores la saludaron uno por uno en la tarima. Las alumnas aplaudían con entusiasmo. La directora no podía estar más feliz. —Tengo otro anuncio que proclamar —dijo, alzando la voz—. La Gaceta de Escocia, el periódico más leído de nuestro país ha accedido a publicar el trabajo de la señorita Van Tassen en su edición más popular. El salón estalló en aplausos. Algunas chicas se pusieron de pie. Otras lloraban de emoción. Era un momento histórico para el instituto. Más tarde, en el observatorio La directora subió al observatorio. La puerta estaba entreabierta. Dentro, Annabelle estaba sentada sobre su cama, mirando el cuadro tapado. No lo tocaba. Solo lo contemplaba, como si esperara que hablara por sí solo. —Lo hemos conseguido —dijo su madre, entrando con paso lento—. Ya está hecho. Nunca lo podríamos haber hecho sin ti. Estoy muy orgullosa. Annabelle la miró. Pero su mirada no era de triunfo. Era de melancolía. De arrepentimiento. De desolación. La directora la observó en silencio. Y entonces, como si entendiera sin que se dijera nada, añadió: —A veces los gestos que hacemos... son más valientes que las palabras. Annabelle se quedó pensando. No respondió. Pero sus ojos se abrieron, como si algo se hubiera encendido dentro de ella. Como si una idea, una decisión, una verdad, acabara de encontrar su forma. Se levantó lentamente. Caminó ...
... hacia el cuadro. Lo destapó. Lo miró. Y por primera vez, no lo evitó. Su madre la observaba desde la puerta, sin intervenir. Annabelle pasó los dedos por la pintura, por la figura que había borrado, por la medialuna que aún brillaba bajo el pecho izquierdo. Y entonces, sin decir nada, tomó el pincel que estaba sobre la mesa. Era sábado en Las Albas, y el instituto parecía otro. Las canchas de tenis vibraban con risas, el campo de fútbol se llenaba de gritos alegres, y el salón de arte rebosaba de pinceles, colores y entusiasmo. Las alumnas irradiaban una emoción nueva, un orgullo que se desbordaba por los pasillos. Nunca antes, se había sentido así. Como si algo hubiera despertado. Elena estaba sentada en el muro de piedra, frente al mar. Escuchaba las olas golpear las rocas, como si cada una le contara algo que aún no entendía. El viento le movía el cabello, pero ella no se inmutaba. Hasta que una voz agitada rompió el momento. —¡Elena! ¡Elena! Por fin te encuentro. Eres tú, eres tú. La joven se giró, confundida. —¿Qué pasa? ¿Por qué el alboroto? —Mejor ven. Es mejor que lo veas tú misma. Su compañera le tomó la mano y la arrastró hacia el instituto. Al acercarse al salón principal, el ruido era ensordecedor. Voces cruzadas, chicas saliendo con el rostro encendido, algunas enojadas, otras persignándose. Incluso los profesores estaban congregados, murmurando entre sí. Al ver a Elena, todos se apartaron. Se abrió un camino silencioso, como si el salón ...