-
Mi vida en un club de alterne III
Fecha: 20/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos
... está tejiendo una red, y yo estoy cayendo como una idiota— mi cuerpo traicionándome, humedeciendo el encaje entre mis piernas, mientras mi mente gritaba que resistiera. Necesitaba un respiro antes de que esta familia de locos me arrastrara al abismo. “Voy al baño,” dije, levantándome con una sonrisa forzada, ajustándome el vestido para que cayera justo sobre mis muslos, un movimiento que sabía que Rosita seguiría con los ojos. Diego me dio una palmada en el culo, un gesto que hizo que Marisa resoplara con desprecio. Rosita solo me miró, con una chispa de triunfo en los ojos verdes, como si supiera que el juego acababa de empezar. —Joder, esta zorrita ya me tiene en su mira, y no sé si quiero escapar— El baño era un cuartucho claustrofóbico, con azulejos amarillentos que sudaban bajo la luz mortecina de un fluorescente que zumbaba como una mosca atrapada. El grifo goteaba, un plic-ploc rítmico que marcaba los segundos, y el espejo empañado devolvía una versión borrosa de mí misma, con el maquillaje intacto pero el alma hecha jirones. Me lavé las manos, el agua fría un alivio contra mi piel ardiente, y me incliné hacia el espejo, retocándome el pintalabios con dedos temblorosos, el rojo brillante como una armadura contra el mundo. —Aguanta, Margot. Esto es solo un paso más hacia la libertad, aunque te cueste el alma— el pensamiento me dio una punzada de culpa, la imagen de Gladys flotando en mi mente, sus ojos suplicando, su amor pesándome como una cadena. La puerta ...
... se abrió sin aviso, un chirrido que me arrancó un respingo, y Rosita entró, cerrando con pestillo con un clic que resonó como un disparo. Se apoyó contra la pared, cruzando los brazos bajo sus tetas, su camiseta subiendo para mostrar el tatuaje de la serpiente en su cadera, un dibujo que parecía moverse con cada respiración. Su pelo rosa brillaba bajo la luz, un halo rebelde, y sus ojos verdes me estudiaban con una mezcla de curiosidad y deseo, como un depredador evaluando a su presa, cada movimiento calculado. “Vaya, rumana, te has escapado,” dijo, con una voz melosa que era puro veneno, inclinando la cabeza como si descifrara un enigma, su sonrisa apenas curvando sus labios. “¿Demasiado calor en el salón?” Me giré, apoyándome en el lavabo, dejando que mi vestido se subiera un poco, un desafío silencioso que sabía que ella notaría, mis piernas ligeramente abiertas para provocarla. “Solo necesitaba aire, pequeña,” repliqué, cruzando los brazos para realzar mi escote, mi voz suave pero cargada de desafío. “Tu familia es… intensa. Tu madre parece querer apuñalarme con la mirada.” Rosita se rió, un sonido bajo y ronco que resonó en el baño como una caricia oscura, dando un paso hacia mí, con sus zapatillas desgastadas silenciosas en el suelo húmedo. “Mi madre es una amargada que vive de chuparle la pasta al tito Diego,” dijo, deteniéndose a un palmo de mí, su perfume cítrico y marihuana envolviéndome como una nube intoxicante. “Pero tú… tú eres otra cosa, Margot.” Su ...