-
Mi vida en un club de alterne III
Fecha: 20/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos
... mirada bajó a mi escote, demorándose unos segundos en el borde de mis tetas, antes de subir a mis ojos, un escáner que me desnudó sin tocarme. “Sé lo que eres. Una puta de Las Sirenas. Y, joder, me pone a mil pensar en todo que debes hacer en esas habitaciones.” —Esta zorrita es sutil, pero no tanto como cree— sonreí, inclinándome hacia ella, dejando que nuestras respiraciones se mezclaran, un juego de poder que aceleró mi pulso, mi coño humedeciéndose contra mi voluntad. “¿Y qué quieres, Rosita? ¿Una historia para pajearte luego?” pregunté, bajando la voz, dejando que sonara como una promesa, mis labios a un centímetro de los suyos. “Porque no estoy aquí para dar clases gratis.” Ella no se inmutó, su sonrisa creciendo, mostrando unos dientes perfectos que brillaban como perlas bajo la luz sucia. “No quiero clases, tía,” susurró, acercándose más, su aliento cálido rozando mi mejilla, un cosquilleo que erizó mi piel. “Quiero probarte.” Su mano rozó mi brazo, un toque ligero como una pluma, subiendo hasta mi hombro, donde sus dedos jugaron con el tirante de mi vestido, un movimiento tan delicado que parecía accidental, pero no lo era, sus uñas rozando mi piel como un aviso. “Eres jodidamente guapa, Margot. Apuesto a que sabes hacer gritar a una chica.” Mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza, un calor traicionero subiendo desde mi coño, humedeciendo mi tanga hasta que sentí el encaje pegado a mis labios, una traición que me hizo apretar los muslos. —Joder, es buena, y ...
... sabe que me tiene— . Un crujido fuera del baño me hizo tensarme, el corazón latiéndome en la garganta, mientras aguzaba el oído para ver si venía alguien. “No trabajo gratis, pequeña,” dije, inclinándome hacia ella, mis labios rozando su oreja, mi aliento cálido contra su piel, un contraataque que la hizo tragar saliva. “Y no creo que tengas lo que hace falta para pagarme.” Rosita tragó saliva, su fachada de loba temblando un segundo, pero se recompuso, sonriendo como si supiera que el juego estaba empatado. “¿Gratis? Nah, tía, puedo pagarte,” dijo, sacando un billete de cincuenta euros arrugado del bolsillo de sus vaqueros, sosteniéndolo como un cebo. “Cincuenta pavos, y me dejas tocarte un poco. Solo un aperitivo, rumana.” Su mano libre rozó mi cintura, deteniéndose en la curva de mi cadera, su dedo índice trazando un círculo lento, provocador, un roce que envió un chispazo directo a mi clítoris, haciéndome contener un gemido. “Venga, Margot. Sé que te gusta jugar, pero no tenemos todo el día.” Su voz bajó, urgente, sus ojos lanzando una mirada rápida a la puerta. —Esta cría me está llevando al límite, y mi coño lo sabe— la miré, sus ojos verdes brillando con lujuria y desafío, y dejé que mi mano subiera a su nuca, enredando mis dedos en su pelo rosa, tirando suavemente para acercarla, un movimiento que la hizo jadear. “Cincuenta no me sacan de la cama, pequeña,” susurré, acercando mis labios a los suyos, sin tocarlos, dejando que la tensión creciera como un incendio, ...