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La Última Carta de La Hondonada (01)
Fecha: 26/03/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: mensajera22, Fuente: TodoRelatos
... pagó.” Prieto toma el volante. Ajusta el retrovisor. No pregunta nada. Solo dice: —¿Por la nacional o por la sierra? Alcázar mira por la ventana. El paisaje se desdibuja en la bruma del calor. —Por la sierra —responde—. Quiero ver el camino que él tomó. Prieto asiente. Arranca. El SEAT 1400 gruñe y se incorpora a la carretera, rumbo a Castañar del Páramo. Dentro del coche, el silencio es denso. Solo el ruido del motor, el crujido del cuero, el viento que entra por la ventanilla abierta. Alcázar no mira el paisaje. Mira la carpeta. Y dentro de su maletín, bajo los papeles oficiales, siente el peso de la carta que no cuadra, una carta que no debería estar allí. La mente de Alcazar descansa por un momento. El interior del coche le recuerda otro. Sonríe para sus adentros. En aquel otro choche, un atardecer de lluvia en la carretera de Granada a Málaga, el parabrisas empañado, las luces de los faros dibujando círculos dorados en el asfalto mojado. Elena conducía con una mano, la otra descansando sobre su muslo, como una promesa. Él no dijo nada. Solo deslizó los dedos bajo la falda, encontró la piel desnuda, el borde de las medias. Ella sonrió, sin apartar la vista del camino. Luego se detuvo en un mirador desierto. Apagó el motor. Y antes de que él pudiera reaccionar, se inclinó entre los asientos delanteros, con la falda subida, las piernas abiertas, los ojos brillantes como si ya supiera que él rendiría culto. Le desabrochó el cinturón, bajó la ...
... cremallera, y lo tomó en su boca con una devoción que no era sumisión, sino dominio. Fue un acto sagrado, urgente: sus labios cálidos, la lengua que lo exploraba como si memorizara un mapa, los dientes que rozaban sin morder. Él cerró los ojos, pero no por placer: por concentración. Cada gemido suyo era una confesión, una rendición. Y cuando terminó, ella se limpió la comisura con el dorso de la mano, lo miró y dijo: “Ahora sí, podemos seguir a Málaga.” Alcázar recordó el calor de aquel instante, el eco de su voz, el poder que ella ejercía al entregarse. No era una mujer. Era una diosa. Su polla comenzó a crecer. “Joder” Se dijo enfadado por la distracción. Y volvió a sus papeles La orden de investigación había llegado por un informe, no del puesto local, sino elevado por el sargento del cuartel de Bailén, tras el levantamiento del cadáver y la primera inspección ocular. Alcázar lo leyó con atención: “Sujeto hallado en pozo del patio. Sin signos de violencia. Moneda de 1927 sobre los ojos. Nota en mano: ‘’El primero ya pagó.” No era un suicidio. Ni un accidente. Era un mensaje. Y él, por su experiencia en casos de crímenes simbólicos —como el de los tres hermanos de Córdoba, o el ahorcado de la ermita—, había sido el elegido. Al entrar en el cortijo, siente que el aire se vuelve más frío, más pesado. Como si la casa lo conociera. Como si lo esperara. En su maletín, además del expediente, guarda algo que no figura en el informe oficial: una copia de una carta ...