1. Cálido y sentimental


    Fecha: 30/03/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... que se entreabre y deja pasar un rayito de sol.
    
    No sabía si él iba a quedarse, si era uno más, si iba a gustarme o a herirme. Solo sabía que, por primera vez en mucho tiempo, tenía ganas de que alguien me conociera. De verdad.
    
    Y eso, en mi caso, ya era muchísimo.
    
    Mientras observaba a Camila devorar como podía el tronco de la verga de Samuel, me acerqué a sus testículos, y los lamí a la vez, algo que sabía que le encantaba. Notaba en Camila algo que no andaba bien.
    
    No era algo obvio. El único sonido que escuchaba era el de la succión. Pero su morbo tenía bordes filosos.
    
    Chupaba, sí, pero a medias, bajaba la cabeza con lentitud, bajaba más de lo que subía.
    
    Y yo… la sentía. Desde abajo.
    
    No era fácil. Porque la verga de samuel es bastante grande, abrazarla con la boca en su totalidad no es sencillo, eso lo sabía yo. Pero yo entendía que hay batallas que no se pueden invadir.
    
    Y también, siendo honesta, me concentraba en los testículos de Samuel.
    
    En el amor que estábamos cultivando, y los sonidos de Emilia que empezaba a quedarse dormida. Me estaba reencontrando conmigo misma a través de él. Me sentía viva, feliz, acompañada.
    
    Pero incluso en medio de esa felicidad, volvía a pensar en Camila, preguntándome si estaba disfrutando, si se sentía agobiada, si necesitaba una mano o simplemente silencio.
    
    A veces, amar también es saber esperar.
    
    Y yo esperaba. Con el corazón alerta.
    
    Como quien guarda una manta en el sofá por si alguien baja de ...
    ... madrugada a buscar consuelo.
    
    De pronto escuche el sonido que hace una boca cuando una verga ya no la ocupa, me enderece y la vi partir a pasos apresurados. Y salió.
    
    Cruzo la puerta sin ruido, como si no quisiera interrumpir nada.
    
    Camila volteó la cabeza, el pelo revuelto, los ojos rojos pero secos. No era la misma mirada altiva de siempre; era otra… más frágil.
    
    Más de verdad.
    
    Yo estaba arrodillada mirándola, Samuel arrullaba a Emilia que justo acababa de dormirse. La tele estaba encendida se escuchaba, como si hasta la casa entendiera que había que guardar silencio.
    
    No sabía si bajar la voz o dejarla subir.
    
    No sabía si levantarme, si llamarla, si preguntarle.
    
    Fue uno de esos momentos donde el amor se convierte en duda. Donde uno quiere hacer lo correcto, pero no tiene el mapa.
    
    Ella siguió su camino, caminaba como si pesara más. —¿Quieres algo? —pregunté, suave, esperando que volviera sus pasos. —No —dijo desde lejos. Pero sentí que se había detenido. De pie. Como si estuviera esperando que yo le ofreciera algo que no sabía pedir. —Puedes hacer lo que quieras. No dijo nada. Solo vino, despacio, y se arrodillo de nuevo a mi lado. No me miró. No hizo contacto. Solo se quedó ahí, mirando la verga de Samuel, las sombras que hacía en el suelo, a Emilia que dormía con su manito abierta. Pasaron minutos. Quizá fueron pocos, pero se sintieron como una tregua. Y entonces, con voz apenas audible, dijo: —A veces no sé si encajo en esta familia. Y a mí se me rompió algo ...
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