1. Sabemos que nos miras (II)


    Fecha: 30/03/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Curiosa, Fuente: TodoRelatos

    ... más que nada, deseaba hacerle perder esa serenidad. Romper su calma. Quería verlo rendido. Quería que él también temblara. Que se olvidara del control, de la mesura, que perdiera los papeles por mí.
    
    Y así, sin romper el contacto visual, avancé hacia él. Gateé lentamente sobre las sábanas, dejando atrás el calor aún vibrante del cuerpo de Natasha. Lo hice despacio, con intención, notando cada roce de mis rodillas contra la tela, el leve bamboleo de mis pechos con cada movimiento. Quería que él lo viera todo. Que me sintiera llegar.
    
    Me detuve frente a él, sin decir palabra. Su respiración se alteró apenas, un gesto mínimo en sus fosas nasales, pero suficiente para saber que también me deseaba.
    
    Sin apartar los ojos de los suyos, llevé una de mis manos hasta su miembro. Era tan perfecto como lo había imaginado, como lo había soñado. Grueso, caliente, palpitante. Lo rodeé con mis dedos despacio, acariciándolo desde la base hasta la punta, sintiendo cómo se estremecía bajo mi tacto.
    
    Acaricié con la yema de mis dedos esa piel suave y tensa, observando cómo sus músculos se contraían en su abdomen, cómo sus caderas respondían apenas con un leve empuje involuntario. Me encantaba saber que lo estaba provocando, que lo tenía así de duro solo por mí.
    
    Entonces me incliné.
    
    Lo besé primero con los labios cerrados, apenas un roce en la punta, como si pidiera permiso. Él dejó escapar un suspiro contenido, y supe que era mío. Abrí los labios y dejé salir mi lengua, húmeda, ...
    ... ansiosa, y comencé a recorrerlo con lentitud, desde abajo, saboreando cada milímetro de su longitud, lamiendo a lo largo del tronco con devoción.
    
    Rodeé con mi lengua la corona, saboreando su sabor, embriagándome con su textura. Lo tomé con una mano mientras con la otra acariciaba sus muslos tensos, su vientre firme, el surco bajo sus caderas. Quería que sintiera todo. Cada centímetro de mí.
    
    Y entonces lo tomé entero en mi boca.
    
    Lento.
    
    Profundo.
    
    Escuché su primer gemido real. Un sonido ronco, contenido, que se escapó de su garganta y que me encendió como un relámpago. Comencé a moverme con suavidad, dejando que mis labios lo envolvieran, que mi lengua lo adorara, marcando un ritmo exacto. Me retiraba hasta la punta y volvía a hundirme en él, cada vez más, cada vez con más hambre.
    
    Mis ojos se mantenían fijos en los suyos. Quería verle romperse.
    
    Y lo hice.
    
    Su mandíbula se tensó, su mano fue a mi cabello sin empujar, solo para sostenerse, para anclarse, y su respiración se volvió irregular, jadeante. Estaba perdiendo el control, y yo lo saboreaba con más intensidad. Mis dedos jugaron en su base, mis labios se cerraron más fuerte, mi lengua trazó círculos que arrancaron de su pecho un nuevo gruñido que lo traicionó.
    
    Volví a bajar hasta su base y subí de nuevo, mojándolo todo, empapando mi boca, mi mentón, mientras él cerraba los ojos por primera vez. Por primera vez dejaba de mirarme. Por primera vez su cuerpo se rendía.
    
    Y supe que lo tenía.
    
    Cuando su ...