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La mujer de mi hijo (2)
Fecha: 04/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... buena actriz. Recuperó el control al instante. Sonrió. —Mucho gusto —dijo con voz suave, con ese tono acaramelado, inconfundible, típico de una chetita palermitana. Luego se acercó a besarme en la mejilla. El perfume me golpeó como una trompada. Dulce, embriagante, con fondo amaderado. Una fragancia que estaba seguro no se me olvidaría, no porque fuera especial, sino porque venía de ella, porque lo emanaba su piel. —Michelle —repetí yo, como un eco, con la garganta seca. Nos miramos a los ojos medio segundo. Después saludó a Estela, con la misma cortesía. —Bueno, vamos —dije enseguida, como si tuviera prisa por descomprimir el momento—. El lugar está acá nomás, a un par de cuadras. Pero vamos en auto, así llegamos cómodos. Todos asintieron. Estela tomó su cartera. Tobías le ofreció el brazo a Michelle. Ella lo aceptó con una sonrisa perfecta. Yo caminé unos pasos atrás, mirando cómo el vestido se le pegaba al cuerpo con cada movimiento, marcando el vaivén de ese culo que ya conocía. Traté de no mirarla tanto, para que Estela no me enganchara. Pero era difícil. Sobre todo, cuando, bajo determinada luz, se le veía la tanguita negra que llevaba bajo el vestido. Fuimos a cenar a La Fragata. Un lugar familiar, sí, pero lo suficientemente elegante como para que el vestido de Michelle no desentonara del todo. Caminaba por delante, tomada de la mano de Tobías, y las cabezas de los mozos y de un par de tipos sentados en las mesas se daban vuelta sin ...
... disimulo. Yo los comprendía. Era imposible no mirar a una hembra como ella, por más que estuviera de la mano de su novio. Además, los años que habían pasado le sentaron muy bien. Ya no tenía ese aspecto de adolescente despampanante. Ahora era una mujer hecha y derecha, elegante, con una sensualidad asesina. Una hembra con mucha más experiencia, que sabía manejar muy bien el poder que le otorgaba su absurda belleza. Yo me hacía muchas preguntas. ¿Qué estaría pensando ella? Se la notaba muy tranquila. ¿Sería yo un efímero recuerdo, tal como lo había imaginado? Y si no lo era, ¿cómo era capaz de moverse con tanta naturalidad mientras estaba con su novio, sabiendo que el suegro que acababa de conocer era el mismo al que le había hecho una felación hacía unos años? Pero luego recordé lo zorra que era Michelle. Aquel día, había engañado a su novio conmigo. ¿Ya había hecho cornudo a mi hijo? Tobías era inexperimentado y muy enamoradizo. Una mujer como ella podría hacerlo mierda. Pero me dije que no necesariamente serían así las cosas. Michelle ahora habría madurado. Y Tobi no le daría motivos para que lo engañara. Además, apenas estaban saliendo. Seguramente estaban en el mejor momento de su noviazgo. Seguramente cogían como conejos. “Y yo también me cogí a esa muñequita”, pensé, mientras nos acomodábamos en el mesa. Y entonces me cayó la ficha de lo obvio. No, no me la había cogido. Me la había chupado, sí. Como una diosa. Como nadie me la había chupado jamás. Pero después ...