1. La mujer de mi hijo (2)


    Fecha: 04/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos

    ... se fue. Me dejó con la pija flácida, feliz y decepcionado a la vez. Tuve una experiencia perfecta, sí, pero también incompleta.
    
    Intenté sacarme esas ideas de la cabeza. Me reproché que estuviera pensando en eso justo al lado de Estela. Pero era más fuerte que yo. Tenía ganas de arrancarle ese vestido, hacerlo hilacha ahí mismo, y cogérmela contra la pared del baño.
    
    Me consolé pensando que era solo el impacto de verla después de tres años. El recuerdo reactivado. Ya me acostumbraría a la idea de tenerla de nuera. Además, no me quedaba otra.
    
    El salón estaba bien iluminado, sin exagerar. Madera oscura, mozos de camisa blanca y moño, decoración sobria. Un ambiente donde uno podía hablar sin gritar, sin música rompiéndote la cabeza.
    
    Estela pidió una copa de vino tinto. Yo pedí lo mismo. Tobías pidió una cerveza artesanal. Michelle, agua con gas.
    
    Estela, como siempre, fue la primera en romper el hielo.
    
    —¿Y estás estudiando algo? —le preguntó Estela.
    
    —Psicología. Ya me queda poco para recibirme.
    
    —¡Guau! Y tan joven —dijo Estela, con una sonrisa que parecía cálida, pero que yo sabía que evaluaba cada palabra—. Linda e inteligente —agregó.
    
    Me pegó un pequeño codazo por debajo de la mesa, como dándome señal de que participara.
    
    —Una combinación peligrosa —dije, con una sonrisa. La miré, y ella también sonrió.
    
    Me pregunté si esa complicidad que había surgido entre nosotros en ese instante venía acompañada de recuerdos. En mi caso, obvio que sí. ¿Ella ...
    ... estaría pensando en cómo me había chupado la pija? ¿En el supuesto miedo que le produjo el tamaño de mi verga erecta?
    
    Michelle, sin embargo, se mostraba con tanta naturalidad que, por momentos, me hacía dudar de si realmente me había reconocido. Yo estaba bastante igual que hacía tres años, salvo que mucho más canoso. Pero, al fin y al cabo, nos habíamos visto durante poco menos de una hora. ¿Yo me acordaba de todas las personas con las que había compartido tan poco tiempo, hacía ya varios años? Por supuesto que no. Incluso tuve amantes pasajeras que me costaría describir.
    
    Eso me generó de nuevo una ridícula indignación, y también una curiosidad peligrosa.
    
    —¿Y cómo se conocieron? —preguntó Estela, clavándole los ojos a Tobías.
    
    —En lo de un amigo —respondió él, orgulloso—. Yo fui con unos compañeros de la facu, y ella estaba con una amiga de la carrera. Pegamos onda al toque.
    
    —Sí, la verdad es que él me pareció muy dulce desde el principio —dijo Michelle, mirándolo con ternura.
    
    Se besaron ahí, en la mesa. Un beso corto, pero lleno de esa intensidad idiota de las primeras veces. Yo apreté la mandíbula.
    
    —No sabía que te gustaban las chicas mayores —comentó Estela.
    
    —Yo tampoco —dijo Tobías, riéndose—. Pero con Michelle no se nota.
    
    —No, no se nota —intervino ella, sin mostrar incomodidad por el comentario innecesario de mi mujer. Era simpática, pero no invasiva. Culta, pero no pedante. Perfecta para ganarse a una suegra.
    
    Estela seguía sonriendo, pero yo ...
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