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La mujer de mi hijo (2)
Fecha: 04/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... la conocía. La estaba escaneando. Analizaba cada palabra, cada gesto. Michelle era lo suficientemente inteligente para notarlo, pero no mostraba ni una sola fisura. —¿Y pensás ejercer o te gustaría seguir estudiando algo más? —preguntó Estela, dándole otro sorbo a su vino. —Me gustaría especializarme en neuropsicología. Me apasiona el funcionamiento de la mente. Pero también me gustaría ejercer como terapeuta. Tobías la miraba como si estuviera viendo a la Virgen. Apoyaba la mano sobre la suya, le tocaba el brazo. Michelle respondía con sonrisas suaves, con miradas cómplices. Un mozo se acercó a tomar el pedido. Yo pedí un ojo de bife jugoso. Estela, ravioles de salmón. Tobías, sorrentinos con crema. Michelle pidió ensalada. Ensalada… En un restaurante como ese. Claro. Mantenía el cuerpo como una joya, y no era casualidad. —¿Y tus padres qué dicen de Tobías? —le preguntó Estela. —Mi mamá lo adora. Mi papá está en España, pero creo que lo aprobaría —dijo Michelle. Ya cerca del final de la velada, cuando todos estábamos con el postre delante y un par de copas encima, Michelle anunció que iba a pasar un segundo al baño. Vi, por el rabillo del ojo, cómo un montón de cabezas giraban sin disimulo para observarla. Estar con esa chica era como estar con una estrella de cine. Llamaba la atención a donde fuera que iba. Y con ese vestido, elegante, pero a la vez pornográfico, hacía imposible que no despertara la lujuria de cualquiera que se la cruzara. Por ...
... suerte, Estela no la siguió. Viste cómo son las mujeres, que van al baño de a dos, como si fuera una excursión. Pero esta vez, no. Se quedó hablando con Tobías de algo que no llegué a registrar. Yo ya tenía en claro qué tenía que hacer. Esperé un par de minutos, y luego anuncié que también iba al baño. Ninguno de los dos me dio mucha importancia. Y, era lógico, no tenían ni idea de qué cosas pasaban por mi cabeza. Los baños estaban en el primer piso, lo que era muy útil, porque, desde la mesa donde estábamos cenando, era imposible ver hasta ahí. Michelle estaba esperando fuera del baño de mujeres, bajo esa tenue luz amarilla que salía de la pared como una brasa suave. Sus ojos claros me enseguida. Me acerqué a ella, sintiendo que el corazón me latía fuerte, y que las manos me transpiraban, como una adolescente que por primera vez en su vida iba a encarar a la mina que le gustaba. Y entonces, sin rodeos, bajó la voz y dijo: —Te acordás de mí, ¿no? Yo tragué saliva. —Obvio que me acuerdo —le dije, sintiendo un dulce orgullo por el hecho de que ella finalmente sí se acordaba de mí. —No tenía idea —dijo ella—. No sabía que eras el papá de Tobías. Te juro... no tenía idea. —Lo sé —le respondí. Ella bajó la mirada. Parecía realmente consternada. —No quiero que... —dijo, sin poder terminar la frase. Pero enseguida se recompuso. Me miró, con firmeza—. No quiero que Tobías se entere de nada. —Quedate tranquila —le dije—. Nadie lo va a saber. Ni él... ...