1. La secretaria y el diputado


    Fecha: 08/04/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Leogaba, Fuente: CuentoRelatos

    ... haberse frotado con ella – ¿Por dónde?, la cruzó un perverso pensamiento. Otra vez las cosquillas. Otra vez el calor, recorriendo su cuerpo. No iba a poder, dudaba si iba a poder contenerse cuando lo tuviera en frente. Tomó la foto, volvió a olerla, cuando vio otro detalle: sobre el teclado de su computadora, había un memo amarillo de los que ella usaba, con un mensaje. La tinta roja con la inconfundible letra del diputado decía: “No quise molestarte a tu teléfono, te espero en mi oficina cuanto antes, para ultimar los detalles de la reunión con el ministro. L. B.” Liam ya estaba allí. Su perfume, de nuevo su perfume.
    
    Jonathan se asomó por la puerta. – Dejé el proyecto final y los anexos I y III corregidos en el primer cajón… – dijo, con tono sobrio y aburrido. Joselyn escondió rápidamente la foto y el memo tras la pantalla de su computadora, abrió el cajón y solo respondió “Gracias”. Jonathan volvió a irse sin decir nada, sin notarla, sin sentirla. En ese momento ni siquiera la ira podía opacar la excitación de Joselyn, que tomó su agenda, su birome rojo, el proyecto de ley y sus anexos, y se partió a reunirse con el del diputado.
    
    Dio 3 golpecitos en la puerta. 3, no iba a olvidarlo jamás. – Adelante – dijo Liam desde el interior. Joselyn abrió la puerta y el perfume, de nuevo, el perfume. Las cosquillas, el calor. Entró al despacho. El diputado estaba parado hablando por celular de frente a una ventana que daba a la calle y de espaldas a ella. Se dio vuelta y le ...
    ... hizo un gesto para que se sentase. Llevaba un pantalón azul, muy ajustado, que le marcaba los glúteos y… su hombría. Joselyn no pudo disimular, su mirada se fijó allí, justo entre las piernas del diputado. Él se dio cuenta – ¿Se dio cuenta?, se preguntó.
    
    El corazón de Joselyn comenzó a acelerarse y, aunque quisiera cortar los pensamientos, su cuerpo hablaba por ella. Con solo ver el bulto que se mercaba en ese pantalón ajustado las cosquillas entre las piernas se convirtieron en un calor intenso que llegaba hasta su ombligo, sus pezones se pararon y sus partes se humedecieron. Ya no podía frenarlo. Mientras el diputado continuaba con su conversación caminaba por todo el despacho. Joselyn no pudo evitar seguir mirándolo. Llevaba una camisa blanca, de algodón, que le marcaba los brazos y los pectorales. De espalda realmente parecía un toro. Sus manos enormes, su barba y su pelo perfectamente acomodos, su virilidad, su sexual presencia. El diputado se paró nuevamente de frente a ella. Un cinturón marrón se ajustaba sobre su cintura y el pantalón le marcaba sus piernas, y de nuevo, su hombría. Joselyn notó que había cambiado de tamaño – Me miró el escote, se dijo. Se sonrojó. A esta altura, el calor en su cuerpo era fuego. Y su perfume, siempre su perfume.
    
    El diputado siguió con la conversación telefónica. Mientras caminaba por el despacho, cerró las cortinas de la ventana que daba a la calle, dejando que una pequeña hendidura por la que entraba la tímida luz de la mañana de ...
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