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Maldito (IV)
Fecha: 10/04/2026, Categorías: Gays Autor: marcusgzlez, Fuente: TodoRelatos
... Haberlo pensado antes de joderme la vida y de jodersela a tantos maricones. Ahora eres tú el más maricón que te vas a dejar follar por dinero. PLAF. PLAF. Dos bofetones más. Yo ya no podía contener mi llanto. —Ni se te ocurra llorar delante de Luis ni de ningún cliente. Haces esto con gusto porque eres una puta, ¿entendido? Enseguida el calor de mi pecho mostró mi nueva faceta. Y Martín fue ordenándome que me desnudase, que me pusiese a cuatro patas y que esperase a Luis, mientras él se sentaba en una esquina. Poco después entró Luis. —Vamos a pasarlo bien, ¿vale perrito? Me levantó y me dio un morreo. Nuestras bocas sabían a alcohol. El calor que emanaba su cuerpo era increíble. Calculé que tendría unos treinta y cinco años, pero era increíble lo musculado que estaba. Lo único bueno es que, en su afán de disfrute y sin interés especial en humillarme, me dejó disfrutar algo mamándomela él a mí, por ejemplo. Por supuesto también me hizo mamársela. Su polla era similar en tamaño a la mía, algo más fina. Se nota que era una persona muy sexual, dominaba la situación, los tiempos, el morbo, a la perfección. Un buen morreo, una caricia en el lugar exacto, un lametón en los huevos, un pequeño mordisco en la oreja. Todo medido, controlado y estudiado. En un momento dado me ató con las cuerdas al techo, dejando mis brazos levantados. Empezó a lamer mis sobacos y a morder mis pezones. Cogió un látigo de la estantería y empezó a azotarme suavito, pero lo ...
... suficiente para que lo notase. Mi polla estaba durísima, la suya también, y la de Martín, que no quitaba ojo desde su esquina, también. En esa incómoda posición, para mí, Luis se acercó por detrás y colocó su polla en mi entrada tras ponerse un condón. —Ahora, perro, suplica por mi polla—susurró en mi oído, acompañándolo de un pequeño bocado a mi oreja. Claro, él no lo sabía, pero esa orden directa de un hombre encendió un calor en mi pecho que me obligó a decir las palabras que él quería oír. —Por favor, dame tu polla, fóllame—rendido solté esa frase que no salía de mí mismo, sino de él. Y sin contemplaciones me clavó, poco a poco pero sin pausa, su rabo. La sentí mucho más que de costumbre, pues era más grande que las de Martín y Jaime, aunque al no ser muy gorda no me dolió demasiado. Embestida tras embestida, sus bufidos de toro bravo los sentía en mi nuca, mientras con su mano izquierda pellizcaba mis pezones y con su mano derecha me hacía una tremenda paja. Mis niveles de placer estaban al límite y, sabía que sin una orden directa, no iba a poder correrme. Por suerte, como dije, Luis no buscaba humillarme, sino una buena sesión de sexo. —Venga, perro, córrete, quiero sentir como se contrae tu culo con un buen orgasmo y me ordeñas la polla—dijo acelerando la paja. Lo dicho, una orden directa de un hombre, suficiente para que el calor de mi pecho ordenase a mi cuerpo sentir un fuerte orgasmo. Empecé a gemir como pocas veces he hecho, pues a pesar de que mi ...