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Debo embarazar a mamá 15
Fecha: 17/04/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... todo, ella siempre había sido la dominante. Todavía me acordaba de cómo prácticamente me había violado junto con su amiga. Una situación que podría haberme marcado de la peor manera, salvo por el hecho de que disfruté mucho cogerme a esas dos putitas. Pero no me dijo que no. Al contrario. Vi cómo empezaba a bajar, despacio. No se arrodilló, sino que se puso en cuclillas. Desde ahí abajo, me miró con esos ojos claros, intensos, húmedos. Era increíble que hacia unas horas había tenido a su hija —a nuestra hija— en una posición parecida. Ese detalle solo servía para calentarme más. Estiró la mano hacia mí, bajó el cierre de mi pantalón con un cuidado que me hizo temblar. —Uno rapidito —le dije. Se lo metió a la boca. Mientras se prendía del glande me pregunté si acaso ella misma le había enseñado a nuestra hija cómo se debía chupar una pija, porque lo hacía muy parecido. Pero con ella haría algo más. Dejé que me comiera la verga un buen rato. Al igual que Cecilia, no dejaba de hacer contacto visual conmigo, consciente de que eso me volvía loco. Sus ojos azules brillaban en la semipenumbra de la cocina. La verdad era que era algo demasiado arriesgado, porque Cecilia podría entrar en cualquier momento. Después de todo, era su casa. Pero el movimiento de la cabellera amarilla de mi tía, y del placer electrizante que me generaba su succión, me hicieron dejar de lado cualquier medida de seguridad razonable. Así que me quedé ahí parado, con los músculo ...
... tensos, mientras esa perfecta MILF me comía la pija. Solo se escuchaban mis gemidos, y el sonido húmedo de su boca y su lengua trabajando intensamente en la parte más sensible de mi cuerpo. Llevé la mano a su cabeza y la acaricié. A diferencia de Cecilia, ella no parecía temer despeinarse. O sería que estaba tan concentrada en la mamada que ni se había dado cuenta. Pero luego hice algo que la obligaría a percatarse de la presión que ejercía en su cabeza. Porque ahora apoyé las dos manos con más fuerza que antes. Y entonces, hice un movimiento pélvico. La verga entro con facilidad. Ella debió pensar que quería decirle que se concentrara también en el tronco, pero no era eso. Empujé más, y más, y más. Sentí cómo mi verga llegaba a su garganta. Ella ni se inmutó. Recibió toda esa dureza sin objeciones. Sus ojos se abrieron mucho, y de la comisura de sus labios salió saliva. Pero ella seguía ahí, sin moverse, mientras yo le metía la pija hasta el fondo. Sabía que en ese momento solo yo estaba disfrutando del acto sexual, pero no me importó. Seguí hundiendo mi verga una y otra vez, hasta que el semen salió con potencia, directo en su garganta. Ella se paró, se acomodó el vestido, y pasó la mano por su rostro. —Me voy a tener que maquillar de nuevo —dijo, y luego largó una pregunta que hubiera preferido que no la hiciera—. ¿Pasa algo con Cecilia? Me dejó duro. No la vi venir. —¿Algo como qué? —le dije, levantando una ceja y haciéndome el que no ...