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Mi sobrino me quiere coger a toda costa
Fecha: 19/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
... vida… —le solté, impotente. Él no contestó. Se acercó con esa mirada que me desarma, esos ojos verdes que parecen atravesarme, y me besó. No sé si me sorprendió más su atrevimiento o el hecho de que lo dejé hacerlo. Siempre consideré los besos como una infidelidad menor. Una traición “light”, digamos. De hecho, la noche de la exposición de Sabri me había chapado a un tipo, un tal Hernán, del que apenas me acordaba. Pero esto… este beso era otra cosa. Era el preludio de algo que ya no podía controlar. Las botellas de aceite temblaron a mi espalda cuando Enzo me empujó contra la góndola. Quise apartarlo, pero fue en vano. Su boca me devoraba. Era un beso salvaje, áspero, como si me estuviera probando a mordiscos. Me vi obligada a ponerme de puntitas para alcanzarlo, pero de repente sentí que me levantaba del piso con una facilidad brutal. El aire me faltó un segundo, no por miedo, sino porque estaba igual de caliente que él. Y entonces, como era de esperar, sus manos bajaron a mi trasero. Todos los tipos van directo a mi culo cuando me besan, pero lo de Enzo fue distinto. No se conformó con palparme por encima de la falda. Metió la mano debajo de la tela, la subió sin pedir permiso, y el aire frío del pasillo me rozó las piernas desnudas. —¿Qué hacés? —le dije entre dientes, con la boca todavía húmeda por su beso. —Shh… —me susurró, pegando su frente a la mía—. Me moría de ganas de tocarte este orto, tía… —su mano apretó una de mis nalgas ...
... con fuerza, hundiendo los dedos como si quisiera memorizar cada milímetro. Sentí su piel áspera en contacto directo con la mía, sin la tela de por medio. Era una caricia tan invasiva y tan brutal que me dejó sin aire. —Era solo un beso… —murmuré, intentando sonar firme, aunque mi voz sonaba casi como un gemido. —Sí… pero esto es mejor… —respondió con una sonrisa peligrosa, acariciando mi trasero con movimientos lentos y descarados, como si lo estuviera saboreando con las manos. Cuando su dedo rozó el borde de mi tanga, el cuerpo me traicionó con un escalofrío que me recorrió entera. Él rio despacio, como si hubiera ganado algo. —Seguro que lo tenés bien perfumadito, ¿no? Como todo tu cuerpo… —me dijo, bajando la voz a un tono que sonaba sucio—. Me encantaría comértelo a besos. Seguro siempre lo tenés bien limpito, lista para que te lo chupen. —Qué boludo que sos… —le dije, empujándolo con una mano en el pecho. Pero no podía evitar mirarlo. Su pantalón marcaba un bulto enorme. La erección era tan evidente que sería imposible que cualquiera que pasara a nuestro lado no lo notara. —Acomodate eso, que se te nota todo —murmuré, mientras yo misma me acomodaba la pollera. Él sonrió, pero me hizo caso, aunque igual, si se lo miraba bien, se notaba. Tuve que contener una risa al imaginar que la gente del local nos detendría antes de irnos, creyendo que se robaba algo dentro del pantalón. —Bueno, listo, ya está. Es todo lo que vas a tener —sentencié, ...