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Diario de un Consentidor 201 Phobos y Deimos
Fecha: 23/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... imponente fachada, de un blanco impoluto, está adornada con rejas de hierro forjado con intrincados diseños florales, un eco de la maestría artesanal de la época. Las ventanas, enmarcadas en piedra, se distribuyen simétricamente reflejando una elegancia sobria. La puerta principal, de madera maciza, está flanqueada por arcos. Amplios patios empedrados y el murmullo constante de las fuentes, ocultas tras sus muros, insinúan la serenidad que habita dentro. Es una construcción que, pese al paso del tiempo, conserva la gracia y la grandiosidad de su diseño original, Los pasos resuenan en el silencio. Ha refrescado, Alonso me pone el abrigo por los hombros. Al cruzar la maciza puerta de madera es como si me adentrara en un mundo donde el tiempo parece detenerse. Los altos techos dominan el amplio salón revelando una artesanía exquisita, la madrugada lo envuelve todo en una penumbra azulada sólo rota por la tenue luz de la luna llena que se filtra por las altas ventanas de cristales originales e ilumina suelos de barro cocido y azulejos con motivos geométricos y florales. Chimeneas ornamentadas y muebles antiguos de madera noble insinúan vidas pasadas. El murmullo de las fuentes, si bien no tan vibrante como debe de ser en verano, aún se percibe, un susurro constante que rompe la quietud absoluta, los techos artesonados parecen más oscuros, los suelos de barro cocido más fríos. El aire, antes perfumado con azahar y jazmín, conserva el fresco aroma de la tierra húmeda y la ...
... leña quemada en alguna chimenea. La opulencia de antaño se vuelve más sombría bajo el manto de la noche, una belleza que evoca el pasado con una serena melancolía en esta madrugada de febrero. —Te has quedado muda. —Estoy asombrada, esta casa es… —Bienvenida. —Os presento. Rosalía, la señora de la casa y dueña de mi corazón, Carmen es… —Nuestra invitada. Encantada, Carmen, estaba deseando conocerte, Alonso me ha hablado de ti. Rosalía, más joven, unos cuarenta, tal vez menos si el instinto no me falla, algo más baja que yo pero lo que le falta en estatura lo suple con arrojo, eso me gusta; sonríe de verdad, sin impostura, tiene unos ojos bonitos de un tono gris claro que parecen estar preguntando todo el tiempo, lleva el cabello corto, ensortijado, de un rubio ceniza que conjunta muy bien con los ojos, de pómulos altos y marcados y labios finos. Podría perder la cabeza por esta mujer si no fuera porque no es una amiga, no debo olvidarlo. Sólo he podido fijarme en su rostro porque enseguida ha roto las distancias y nos hemos dado dos besos, esperaba otra cosa más protocolaria, qué tonta, no obstante algo me dice que no debo bajar la guardia. —Ah, ¿sí? ¿y qué te ha contado? —pregunto. —Todo cosas bonitas. Me coge del brazo y atravesamos juntas el vestíbulo, es afable, sinceramente cordial. El salón principal de la hacienda se extiende con una amplitud señorial. Las paredes, encaladas con un blanco impoluto, son el lienzo perfecto para la verdadera ...