1. Diario de un Consentidor 201 Phobos y Deimos


    Fecha: 23/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... Deimos tumbado entre las piernas; espera una orden, está bien entrenado, como su hermano; la mira y cuando se ve atendido mueve la cola y lame allá donde alcanza, la pantorrilla. Si el olor a sexo es perceptible para mí, qué será para estos dos machos en pleno vigor. ¿O soy yo la que huele a ella y no distingo lo que llega de fuera del olor que impregna mi rostro? («Hueles a coño», con estas palabras me recibió una vez Mario tras darme un beso en la puerta de casa. Venía de estar con Malena, la camarera del Antlayer)
    
    —Me inició mi tía, yo era como tú, una jovencita con ganas de experimentar, siempre he tenidos perros en casa, pero jamás se me ocurrió algo así. Hasta que unas vacaciones que pasé con mi tía Clara la sorprendí, yo tenía quince, ella treinta y dos, divorciada y viviendo la vida intensamente; el garbanzo negro de la familia, según mis padres. La encontré en su habitación con el labrador entre las piernas y ella en pleno orgasmo. Yo tenía que estar en las fiestas, pero me mareé con tanto alcohol, vomité y me llevaron a la puerta de casa. No se asustó, me miró como si estuviera fumada, yo estaba paralizada en la puerta viéndola desnuda, toda sudada; el perro, oculto por el muslo, moviéndose sin parar. Lo consiguió bajar de la cama, era muy dócil, me sorprendió el enorme aparato que le colgaba entre las patas, tan rojo. Nos sentamos y hablamos largo y tendido, teníamos mucha confianza, yo no podía verla como una degenerada y guardé su secreto. A partir de aquel ...
    ... día no pude quitarme de la cabeza la expresión de éxtasis de mi tía mientras Tico le daba un placer envidiable, porque eso es lo que sentía, envidia, temor y envidia. Decidí probar, pero me daba miedo y acudí a ella, en lugar de quitarme la idea me ayudó, lo hicimos con su perro, así no maleábamos al mío, «por si no quieres repetir, que no ande persiguiéndote», me dijo. Fue como entrar en otro mundo, un mundo secreto que durante muchos años sólo compartí con ella porque no es algo que puedas contarle a cualquiera.
    
    —A mí, tardó en contármelo dos años, después me convirtió en un adicto.
    
    —Mi tía Clara me enseñó todo lo que sé, porque ser montada por un perro la primera vez, sin ayuda, habría sido complicado.
    
    La escena estalló como un fogonazo en mi cabeza. Me incorporé, un gesto de huída que pude controlar.
    
    —Todo esto me supera.
    
    —Ahora estarás pensando en enfermedades, en parásitos y lo más probable es que te arrepientas de haber mantenido relaciones conmigo. Y de tenerlas con mi marido, ni hablar.
    
    —Compréndelo, no dudo de que guardéis un cuidado extremo…
    
    Deimos parecía entender mi zozobra, se echó a un lado y comenzó a lamerme el muslo. De los dos era el que, desde el principio, había mostrado preferencia por mí; tenía una mirada tierna, le acaricié la cabezota. Los recuerdos se agolparon, mi perra trágicamente muerta, algo de lo que no me había recuperado aún. Se sentó y me lamió el costado, sería la coca, me invadió un sentimiento de ternura, le palmeé el ...
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