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Diario de un Consentidor 201 Phobos y Deimos
Fecha: 23/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... pasión de los dueños: la pintura flamenca. No hay un sólo tramo de muro que no esté engalanado con obras que parecen susurrar historias de Brujas, Amberes o Gante. Desde el imponente retrato de un burgomaestre con su gola inmaculada atribuido a la escuela de Rubens, hasta la delicadeza de una escena de género al estilo de Jan Steen, donde un grupo de campesinos celebra en una taberna; cada cuadro es una ventana a otra latitud, a otro tiempo. Predominan los tonos profundos y ricos, los verdes esmeralda de los paisajes, los carmesíes intensos de las vestiduras y los azules noche que se funden en los fondos creando una atmósfera de serena gravedad. Sobre la chimenea de mármol tallado, destaca un gran óleo de escuela holandesa: una naturaleza muerta con un jarrón de tulipanes exuberantes, una calavera y un reloj de arena, un melancólico memento mori que, sin embargo, irradia una belleza fascinante. Las molduras de madera oscura que enmarcan las obras resaltan el juego de luces y sombras tan característico de los maestros flamencos acentuando cada detalle, desde el brillo de una perla hasta la textura de un tejido. El mobiliario, aunque elegante y de buena factura andaluza, se mantiene deliberadamente discreto para no robar protagonismo a la colección. Sofás de terciopelo verde botella y sillones orejeros de cuero gastado invitan a la contemplación, mientras que varias mesas auxiliares de caoba exhiben volúmenes encuadernados en piel sobre arte y geografía. Una pesada ...
... alfombra persa cubre gran parte del suelo de baldosas hidráulicas, sus intrincados diseños en tonos ocres y azules complementan la paleta de las pinturas. Incluso el aire del salón parece imbuido de esa atmósfera casi pictórica; una quietud reverente, sólo rota por el leve murmullo de la fuente en el patio adyacente. Es un espacio donde el tiempo parece detenerse, un refugio para la contemplación. La entrada de dos hermosos ejemplares de pointer inglés me sacó de la fascinación que produce la contemplación de tanta belleza, se acercaron a su dueña con paso tranquilo y la olisquearon, Rosalía los saludó con cariño. —Ah, ya habéis notado la visita, venid que os presento. ¿Te gustan los perros? —Ha habido perros en casa desde que puedo recordar. Tuve un pointer como estos, igual, hígado y blanco, más manchado. ¡Hola! —saludé al más robusto sin llegar a tocarlo. —Deja que te huelan, estos dos son muy cariñosos, pero algo ariscos con las visitas hasta que se familiarizan; si me ven contenta contigo, te adoptarán. Rosalía me abrazó. —¿Veis?, es mi amiga. Me achuchaba de una forma que era algo más que una demostración de afecto de cara a los perros, si es lo que buscaba no pondría ningún impedimento, le eché el brazo por los hombros e hice que mi pecho se aplastase contra la clavícula, la mano que me sujetaba por la cintura se desplomó hacia el culo y allí quedó mientras los perros aprendían que yo era de fiar y me lamían la mano y la pierna. Alonso, desde la barra ...