1. La última vez que fui ella


    Fecha: 26/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Alma Carrizo, Fuente: SexoSinTabues30

    ... donde algunos hombres se acercaron a charlar. La mayoría con intenciones bastante claras. Uno de ellos, un ejecutivo local, se puso especialmente insistente. Me tocó el brazo mientras hablaba, se acercaba demasiado.
    
    Marcus apareció detrás de mí en silencio, como un muro.
    
    —Señora Alma, ¿necesita algo? —preguntó, con esa voz suya que parecía retumbar en el pecho.
    
    —Estoy bien, Marcus —murmuré, aunque me costaba mirar al hombre que estaba intimidando.
    
    El ejecutivo intentó bromear:
    
    —Ey, tranquilo, solo charlábamos…
    
    Marcus no le respondió. Solo lo miró fijo. El tipo se fue en menos de diez segundos.
    
    Me quedé temblando. No solo de nervios, sino… de otra cosa. Era como si Marcus supiera exactamente cuándo intervenir. Y cada vez que lo hacía, sentía que me latía el corazón entre las piernas.
    
    Esa noche, de vuelta en mi habitación, me senté frente al espejo, todavía vestida, con el saco apenas abierto. No podía dejar de pensar en dos cosas:
    
    Primero, en cómo me excitaba la forma en que Marcus me protegía.
    
    Segundo… en lo que había dicho Camila.
    
    No sabía exactamente qué me estaba ocultando, pero algo me decía que Marcus y ella compartían un pasado mucho más íntimo de lo que imaginaba. Y que, de alguna forma, yo estaba metiéndome en medio de eso… sin poder ni querer evitarlo.
    
    Esa noche, no podía dormir. Tenía el cuerpo encendido, los sentidos en alerta. Todo me alteraba: el aire cálido de Miami, la ropa que usaba debajo del saco, las miradas de ...
    ... Marcus…
    
    Estaba tirada en la cama del hotel, en silencio, con el celular en la mano. Dudé unos segundos, y abrí el chat con mi marido.
    
    Hacía días que nuestras conversaciones eran breves, casi frías. Él estaba ocupado, distante, como si yo estuviera a miles de kilómetros… que, en realidad, lo estaba.
    
    Aun así, me animé a mandarle un mensaje:
    
    —Hola… ¿Estás despierto?
    
    Pasaron varios minutos antes de que contestara:
    
    —Sí. ¿Qué pasa?
    
    Tragué saliva. Escribí:
    
    —Te extraño.
    
    Hubo otro silencio. Hasta que finalmente llegó su respuesta:
    
    —¿En serio?
    
    —Sí… Me cuesta dormir sola.
    
    —¿Qué llevás puesto?
    
    Eso me tomó por sorpresa. No solía hablarme así. Me quedé mirándolo, dudando, con el corazón acelerado. Luego escribí:
    
    —Un camisón de seda. Negro.
    
    —Mostrame.
    
    Saqué una foto. Nada demasiado explícito: mis piernas cruzadas en la cama, el tirante caído en el hombro. La mandé.
    
    —Estás hermosa —escribió él—. Tocáte.
    
    Sentí un cosquilleo recorrerme el cuerpo. No era ternura lo que sentía. Era deseo. Brutal, urgente.
    
    —Decime cómo… —contesté.
    
    Empezó a escribirme qué quería que hiciera. Yo obedecí. Me deslicé la mano por el muslo, subiendo despacio, mientras él seguía enviándome mensajes cada vez más explícitos.
    
    En pocos minutos, terminé. Me mordía el labio para no gemir. Él también pareció llegar al clímax, aunque nunca estaba segura con él.
    
    Apenas segundos después, me escribió:
    
    —Bueno, me voy a dormir. Mañana madrugo. Buenas noches.
    
    —Buenas ...
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