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Vane (I). Si somos amigas, ¿por qué fantaseo con ella?
Fecha: 30/04/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Anónimo, Fuente: CuentoRelatos
... quería mojarme más antes de empezar a repartirla de arriba a abajo a lo largo de toda la vulva. Pensé en meterme a mi fantasía, pero ese vestidor no tiene ningún lugar desde el que pudiera ver secretamente cómo mi novio me engañaba con mi amiga. Mi imaginación habría tenido que modificar el lugar, y eso no me gustaba. Así que me limité a dejarlos solos. Mi novio por fin estaba consiguiendo besar a Vane, que sentía contra en sus mejillas la poblada barba de candado que me había besado a mí tantas veces. Era uno de esos besos a boca cerrada, intensos, pujantes, en los que las cabezas luchan por empujar la del otro; en donde los amantes se toman de la nuca y se acarician el cabello con tierna ferocidad. El pecho de mi novio, vigoroso y casi lampiño, presionaba los pechos de Vane, en los que la excitación y el top resaltaban los pezones. Fue allí cuando fui subiendo y bajando. Sentía cómo mi vulva, deliciosamente impermeable, dejaba correr mis dedos a todo lo largo. Mis manos empezaron a tomar la forma de cuenco, como me gusta para estos casos. Masajee con tres dedos los labios y el derredor de la vagina, y presionando un poquito con la muñeca el clítoris que, cuidadosamente húmedo, ya se me había erguido. Finalmente, seducida, Vane empezó a masajear el miembro de mi novio por encima de la ropa, pero no pasó mucho antes de que metiera la mano. Cuando mi novio sintió el aire en su miembro, le dio la vuelta a Vane y le bajó los pantalones delicadamente. Se acuclilló y besó ...
... entero su trasero grandísimo. Jugó a explorar, desde atrás, con su nariz, la parte más extrema de la vagina de ella. La dedeó un poco. —¿Te puedo hacer sexo oral? —le preguntó él. —No. Ya no. Métemela —contestó ella. Dicho y hecho, mi novio se incorporó, la hizo reclinarse sobre la banca larga que mis compañeras y yo usamos para sentarnos mientras nos peinamos antes de salir a escena. Allí la penetró lentamente. Primero metió y sacó el glande media docena de veces. Vane se hartó de que la provocara y se penetró ella misma contra el miembro de él. A ratos, mi novio le imponía su ritmo rápido; a ratos Vane lo golpeaba con todo su ser y se le restregaba. Luego Vane hizo a mi novio recostarse bocarriba en la misma banca larga. Lo cabalgó haciendo botar sus nalgas, sin dejarlo moverse. Él subió su top y empezó a besar sus pechos, irguiéndose un poco. Vane le permitió un par de besos, pero luego lo alejó y, para tenerlo controlado, le impuso sus manos sobre el pecho, vigoroso y lampiño. —Besa las de tu novia —se burlaba Vane. Pero mi novio no se dejaba controlar, y llegó nuevamente a besarla en la boca mientras ella se lo cogía. Yo sé cuánto aguanta Vane, físicamente. Es fuerte, y no la agotan las carreras ni los ejercicios pesados. Su objetivo sería, sin dudas, dejar agotado a mi novio. Cansarlo, sobrecogerlo. Aumentaba la velocidad sonriendo con malicia, y mi novio cerraba los ojos, intentando contenerse y luchando por llevar el ritmo. Por supuesto, los tres ...