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Mi primer amor huele a almendras
Fecha: 02/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Nora, Fuente: TodoRelatos
Andrés reposaba su cabeza sobre la ventana del coche mientras este avanzaba a través del extenso valle por el cual se escondía el pueblo “Noches Lindas”. Era el sitio de reunión de su familia para celebrar los diferentes eventos familiares. Había ido desde que tenía uso de razón. Los recuerdos lo invadían con nostalgia: memorias de él jugando con sus primos en el río, de cuando fue con su padre a lo alto de una montaña, de su primer beso. Este último le erizó la piel; su corazón comenzaba a latir con fuerza al evocarlo. Había sido a sus 13 años. Recordaba cada detalle de aquella noche en el cumpleaños de su abuela. Recordó haber despertado muy tarde en la noche. Ya todos los adultos se habían ido a acostar, se fue a la cocina a robar algo de comer y como a un ratón siendo cazado por un gato fue sorprendido por unas suaves manos que lo abrazaron desde la espalda con una mezcla de delicadeza y posesión. Como si lo reclamarán como suyo. Se asustó y estuvo a punto de gritar del susto pero las manos le habían tapado la boca y en su oído escuchó un “Shhh” de una voz familiar. Eso lo tranquilizo. Se dio media vuelta. Estaban atrapados en la oscuridad, con la única luz proveniente de la nevera abierta. Ella tenía su característico aroma a avellanas, mezclado con un leve matiz de alcohol. Su melena rizada, de un color chocolate oscuro, flotaba apenas en la penumbra. Sus miradas se cruzaron. Y entonces, lo sintió: el peso de sus labios sobre los suyos. Casi por instinto, ...
... le respondió. Ella era mucho más alta que él, así que se agachaba ligeramente para alcanzarlo. Tomó sus manos y las posó sobre sus mejillas, como preparándolo para entrar en su boca. Su aliento olía a alcohol y algo extraño pero adictivo. Él se dejó llevar. Su respiración se volvía más pesada mientras ella lo besaba con más ansias. Él trató de devolverle la misma intensidad. Un ruido hizo que se separarán de improvisto. Un rastro hilo de saliva los mantuvo conectados por unos segundos a medida que se rompía. Andrés estaba jadeante, se sentía aturdido, su sangre circulaba con fuerza y dentro de él nacía un deseo que jamás había sentido en toda su vida. Pareciera que su entrepierna quería explotar de lo erecto que estaba. Era la primera vez que lo tenía tan duro. El ruido había sido el gato de la casa que trepó a una de las mesas. La mujer soltó un suspiro, se puso de pie tambaleante, totalmente erguida sus pechos quedaban justo a la altura de su rostro. Esta lo miró mientras se relamía los labios y cerró la puerta de la nevera. Quedando a oscuras. —Ven a mi cuarto—le susurro al oído para después darle un ligero mordisco que lo hizo estremecer. Su cuarto se encontraba al final del pasillo. Nada más entrar escuchó cómo le metían seguro a la puerta. El se dio media vuelta nada más para sentir como ella lo empujaba lo que provocó que cayera de espalda en la cama. Sin perder el tiempo sintió como su boca era nuevamente invadida por aquella lengua, está buscaba a la ...