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Mi primer amor huele a almendras
Fecha: 02/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Nora, Fuente: TodoRelatos
... aumentará su intensidad progresivamente. Llegó al punto que el choque entre sus entrepiernas resonaba en un golpe mojado. — Tú vagina está hecha solo para cargar con mi semilla ¿No es así? —dijo Andrés agitado, resoplaba entre cada palabra. — Cargarás con mi semen de ahora en adelante. —agregó aumentando la fuerza de sus embestidas. El placer lo consumía. Estaba tan eufórico que su mente solo quería cogersela como si no hubiera un mañana. — Si, mi hombre~ —dijo ella apenas pudiendo articular una palabra, su voz estaba tan quebrada que parecía que lloraba. — A partir de ahora estaré hecha solo para ser tu saco de semen~ Aquellas palabras eran como si alguien echará más carbón a la máquina. Andrés la abrazo, uniendo sus cuerpos y besándola mientras la cama rechinaba por la fuerza de sus impactos. Beatrice rompió el beso. —Soy… tu mujer —volvió a besarlo. —Soy… tu puta —abrazó a Andrés con sus piernas, cruzandolas por detrás de su espalda —Soy toda tuya. Ese último comentario provocó un fuerte gruñido. Metiendo su polla hasta ...
... el fondo descargando todo su semen. Se corrió en el acto, acompañando su gruñido con un gemido que no hizo ni el menor intento por ocultarlo. Apretó con más fuerza sus piernas, impidiendo que Andrés se soltara de aquella atadura y manteniéndolo dentro de ella. Aquel orgasmo había sido explosivo. Sus mentes no podían procesar aquel nivel de placer en el que estaban. Sus respiraciones eran pesadas. Se quedaron ahí un rato, hasta que tuvieron el suficiente aire para unirse en un apasionado beso. Sin separarse. Beatrice sentía como el semen desbordaba de su vagina por la cantidad que había. Estaba caliente, casi hirviendo, llenando su útero. Estaba rebozado de este. Aquel pensamiento la estremecía, lo quería todo de él. Andrés se mantuvo abrazado a ella, el calor de su cuerpo y su olor a almendras. Por Dios, aquel olor a almendras que emanaba lo volvía loco. El placer les hacía compañía en aquel lascivo abrazo. Se quedaron toda la noche así. Unidos, cayeron en un profundo sueño después de que las energías los abandonaran. Pero el placer no.