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Mi primer amor huele a almendras
Fecha: 02/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Nora, Fuente: TodoRelatos
... de él. Estás se entrelazaban entre sí provocando sonidos húmedos y lascivos. Sin dejar de besarlo se quitó su ropa interior. Podía sentir como su pierna que rozaba la entrepierna de la mujer se empapaba por sus fluidos. Ella metió su mano dentro de los boxers y agarró su miembro. Ella se detuvo un momento, rompió el beso. Su dulce y a la vez pícaro rostro estaba sonrojado, aunque con cierta confusión. Saco el pene y abrió los ojos de golpe. Parpadeando varias veces para luego sonreír de forma maliciosa, mordiéndose el labio. Ella se sentó encima de él, no lo insertó directamente si no que empezó a frotar su mojada vágina sobre esté, lubricandoló, lo empezó a frotar con fuerza, desde la base hasta la punta. Soltaba ligeros gemidos mientras frotaba su clítoris contra él mientras Andrés jadeaba. Su respiración estaba bastante agitada y su mente aún no procesaba bien lo que estaba haciendo y con quien lo hacía. Su pene iba a estallar y un instinto primitivo en su interior le decía que debía meterlo. Era como una tortura no hacerlo. — Quiero meterlo…—dijo Andrés casi gimiendo. —¿Ah, sí?~ —respondió ella con voz seductora. Se levantó apoyándose en sus rodillas alineando la entrada de su vagina justo por encima del pene. Estaba tan mojada que sus fluidos goteaban encima de él. Puso la punta justo en la entrada y empezó a deslizarse lentamente. Andrés sentía que se derretía a medida que entraba más en ella. El calor de su interior se extendía desde su entrepierna ...
... hasta todo su cuerpo enviando espasmos de placer. Hasta que la metió por completo. Ella soltó un gemido que intento controlar para que no sonará tan fuerte. Empezó a moverse. Levantando sus nalgas hasta casi sacarla por completo para luego dejarlas caer metiendola de golpes. Cada sentón lo hacía retorcer de placer mientras ella ponía cara de placer. Sus pechos saltaban, el movimiento junto a la sensación lo tenían mareado en una lluvia de orgasmos que le impedían pensar con claridad. El tiempo dejó de pasar, el cuarto olía a alcohol, avellanas y a sexo. En su mente solo existía el sonido mojado de sus cuerpos chocando cada vez que ella caía sobre su verga. Y sus ojos iban desde sus redondos y pecosos senos hasta su lasciva mirada. Ella no despegaba los ojos de los de él. Sonriendo y haciendo muecas de placer cada vez que bajaba hasta el fondo. Empezó a intensificar sus movimientos, como si quisiera aplastarlo con sus caderas. Andrés también estaba en su límite, su pene iba a estallar en cualquier momento y su corazón latía con tanta fuerza como si hubiera corrido varios kilómetros. Hasta que ella hizo un último senton brusco e intenso, su interior empezó contraerse alrededor de su pene con más fuerza de lo normal lo que provocó el estallido que tanto ansiaba empezando a llenar su útero con semen fresco y joven. Andrés apretó los dedos de los pies y empujó lo más que pudo, su mente estaba en blanco mientras corría con fuerza. Ella liberó un gemido lastimero que no pudo ...