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One shot: en cuarentena con mamá
Fecha: 05/05/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... conocían de siempre, y que recién ahora se encontraban así de unidos. Sus gemidos se hacían cada vez más intensos. Y yo me perdía en esa sensación de ser parte de ella, de estar fundiéndome en su cuerpo, en su respiración, en su sudor. En un momento, mis muslos se sintieron muy cansados. Entonces me detuve un momento. Me separé de ella y me incliné. Metí la cabeza dentro del vestido, y mis labios encontraron ese espectacular orto. Se sentía salado, sudoroso, y me encantaba. Pero solo estuve un rato comiéndole el culo. Mamá separó las pienras. —Chupame la concha —dijo. Obviamente, obedecí, como el buen hijo que era. Metí la cabeza ahora entre sus muslos, y empecé a arremeter contra su sexo. Tenía un sabor que jamás había probado, y que me parecía maravilloso. Era el sabor de su sexo lleno de flujos. Mientras trataba de mantener el equilibrio, mi lengua se concentró en el clítoris, haciendo movimientos circulares sobre él. Sentía cómo mamá meneaba la pelvis suavemente, soltando gemidos en todo momento, acariciando mi cabeza, como aprobando la forma en que le estaba practicando sexo oral. Después de unos minutos, cuando mi mandíbula ya estaba cansada, sus gemidos se convirtieron en un alarido que ya conocía bien. Las caricias suaves en mi cabeza se transformaron en unos dedos en forma de garras tirando de mi cabello, mientras me restregaba la concha en la cara con una violencia que no había conocido jamás en ella. Me aparté, con la cara empapada de sus ...
... flujos. Me puse de pie. Mamá estaba temblando. —Muy bien, Dieguito, hiciste que mamá se corriera —me dijo—. Ahora termina vos. Pero no me acabes adentro. Dame toda la lechita en la cara. Nunca fui de desobedecer a mamá, y mucho menos ahora. Me la cogí de nuevo, de parado contra la pared, y cuando sentí que ya no daba más, me separé de ella. Mamá no necesitó más indicaciones. Giró, y se puso en cuclillas. Se llevó la verga a la boca, pero no me hizo una mamada, porque apenas sentí la calidez de su aliento, largué un potente chorro de semen que ella se tragó. —Ahora dejame terminar de limpiar —dijo—. Andá a jugar a los videos. Dale. Al final, la cuarentena había convertido mi casa en un microparaíso. Las clases en la escuela eran mucho más fáciles a distancia, no tenía grandes responsabilidades, y tenía una hermosa madre que no podía estar un día sin coger, y yo era su única opción. Bueno, a veces ni siquiera podía pasar medio día sin coger… Unas horas después de ese polvo, me estaba duchando. El sonido del agua cayendo sobre mi cuerpo era lo único que se escuchaba en el baño. Ese murmullo constante, casi hipnótico, que me ayudaba a perderme en mis propios pensamientos. Tal vez por eso no escuché que la puerta del baño se abría. El vapor ya había cubierto todo, volviendo difusas las paredes, los espejos, los objetos. No hubo advertencia. Solo un sonido seco, inconfundible: el correr de la cortina de la ducha, de golpe. Giré, sobresaltado, y lo que vi me ...