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One shot: en cuarentena con mamá
Fecha: 05/05/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... contenido por demasiado tiempo. La sentí estremecerse apenas, las manos en mi nuca, acariciándome primero con cierta calma, confirmando así que aceptaba que su propio hijo fuera el que la salvara de su extensa abstinencia sexual. Me separé un instante de ella, solo para desnudarme. No me costó mucho, porque solo tenía una remera y un short deportivo que me quité junto con el calzoncillo. Me acomodé sobre ella, sintiendo las tetas en mi torso, y entonces simplemente la penetré. —¡Ay! —exclamó ella. Pero yo comprendí que no era una exclamación porque la tuviera enorme, o porque se la hubiera metido de golpe. Era una exclamación por recibir una verga dura en su sexo después de tanto tiempo, y porque esa verga era de la persona a la que había parido. Su cuerpo me envolvió con un calor denso, vivo, con un ritmo propio que me hizo sentir que todo lo demás —la pandemia, la cuarentena, el encierro, la distancia con el mundo— se borraba. Solo estábamos nosotros. Empecé a menearme sobre ella, clavándole la pija una y otra vez. Era una sensación única, no solo por el placer sexual en sí mismo, ni tampoco porque estaba en la cama con una mujer inalcanzable para la mayoría de los mortales. Era una sensación inefable que solo conocíamos los que tuvimos el privilegio de cogernos a nuestra propia madre. —Diego —dijo ella de repente, jadeante—. Dámela más fuerte. Metésela con toda a mami. Esas palabras me enloquecieron. La obedecí, obviamente. Me separé un poco de ...
... ella, elevando el torso. Luego llevé las manos a sus tetas y las estrujé con violencia, usándolas de soporte. Entonces empecé a moverme con una enorme potencia . Y ella empezó a gemir, como esas veces en las que lo hacía tan fuerte que la oía desde mi cuarto. Cada movimiento dentro suyo era un incendio. Un mundo nuevo. Un lugar al que sabía que iba a querer volver siempre. No sé cuánto duró. No sé cuánto resistí. El tiempo se había vuelto otra cosa. Solo sé que en ese instante final, cuando ya no pude aguantar más y me corrí dentro suyo, sentí que algo se había roto o quizás se había construido. Algo que no iba a poder olvidar nunca. —No digas nada —dijo—. Dejame sola. No digas nada. Así lo hice. Supuse que tenía que procesar lo que acababa de pasar. Solo esperaba que no le agarrara la culpa y el arrepentimiento. Más tarde nos cruzamos, obviamente. Y también cenamos juntos, como siempre. Actuaba normal. O al menos trataba de mostrase como que actuaba normal. Pero se notaba que se esforzaba por hacerlo. No hizo ningún comentario sobre lo que pasó, y yo tampoco. Si quería jugar a que no pasó nada, que así sea. Por suerte tampoco parecía perturbada. Pero si pensaba que nuestro primer polvo iba a ser el único, estaba muy equivocada. Al otro día, mamá se puso a limpiar la casa. Llevaba un vestido viejo, desgastado, que usaba justamente para limpiar. Era una prenda simple, pero que le quedaba muy bien, y en ese momento, para mí, era más provocador que cualquier ...