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Mi hijo es un pervertido 4: mi hijo se pone celoso
Fecha: 09/05/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... más? ¿Vos lo chapaste así tan fácil? —Bueno, supongo que puede verse como que fui bastante fácil. Pero él también, ¿no?. Después me agarró de la mano y me llevó a un cuartito oscuro. —¿Y no te tocó el culo? —interrumpió de nuevo. —Sí… ahora que lo decís, sí. Me besaba con fuerza. Y sí, me tocó. Todos los hombres que me besan me tocan ahí en algún momento. Es típico. —Y claro… —murmuró. —¿Claro qué? —Con ese culo que tenés… es obvio que todos te lo quieran tocar. Lo ignoré. —Y bueno… pasó lo que tenía que pasar. Él apretó la mandíbula. —¿Pero cómo fue? —Me empujó contra la pared. Me levantó el vestido. Yo no veía nada, el cuarto estaba completamente oscuro. Solo sentía su perfume, su aliento, el roce de su cuerpo. Escuché el sonido del cierre bajando. Me corrió la tanga a un lado y me penetró. Octavio se quedó sin aire. Los ojos clavados en los míos. —Ahora que lo pienso —continué, sabiendo lo que hacía—, fue parecido a lo que hiciste con tu tía Romina. Solo que yo estaba contra la pared. —¿Y? —dijo él, como si necesitara una última estocada. —Y… nada. Me agarró fuerte de la cintura. Sabía lo que hacía. Cogía muy bien. Sabía cuándo metérmela despacio, y cuándo podía metérmela entera. Fue algo… salvaje. Me gustó mucho. —¿Y después? —Después me pidió el número. Pero le dije que estaba en pareja. Él frunció el ceño. —¿Por qué le dijiste eso? Lo miré con una media sonrisa. —Porque no quiero un novio. Solo quería que ...
... me cojan. Esa frase lo atravesó como una lanza. Sus ojos se abrieron como platos, y por un instante, pareció no saber si dar un paso atrás o acercarse más. Yo me quedé quieta, serena. Cruel, si se quiere. Entonces hice algo todavía más cruel. Me quedé de pie frente a él… y sin decir una palabra, deslicé los dedos por la parte trasera del vestido y lo bajé con una lentitud estudiada, como si se tratara de una escena que ya había ensayado frente al espejo. El vestido cayó al suelo en silencio, como una hoja rendida. Me quedé ahí, solo con las medias negras, el portaligas ajustado a los muslos, la tanga negra y el corpiño de encaje. Una combinación que parecía pensada para ese momento, aunque no lo fuera. Octavio me miraba como si hubiera dejado de respirar. La boca entreabierta, el cuerpo tenso. Y en su entrepierna, la dureza de su pija evidente, mostrando su forma fálica sin pudor. Caminé hacia él, hasta quedar tan cerca que podía sentir el calor que le subía por el pecho. Apoyé mi mano suavemente en su torso, justo sobre el esternón, donde el corazón parecía golpear con violencia. —Bueno… —le dije, con voz baja y templada—. Ya cumplí con mi parte. —Lo empujé suavemente hacia atrás—. Ahora andate. Quiero bañarme y dormir. Dio un paso hacia atrás, todavía sin decir nada, desorientado. Como si algo en él se hubiera roto. Entonces, con la misma calma con la que me había desnudado, cerré la puerta de mi cuarto, dejándolo fuera, con la verga dura y la ...