1. Aritz Guzmán, desvirgador en casa


    Fecha: 10/05/2026, Categorías: Gays Autor: GenteBCN, Fuente: TodoRelatos

    ... un caballo.
    
    Se me escapó una risa tonta que silencié tapando mi boca. Pello se quedó unos segundos en silencio antes de seguir hablando.
    
    —En eso no has salido a él.
    
    —Y tú qué coño sabes de cómo es la mía.
    
    —Porque lo sé —afirmó rotundo—. Tu picha es un gusanito comparado con su pollón… Es que nunca deja de fliparme.
    
    —Eso es que ya se la habías visto antes, tío cerdo.
    
    —Puede ser… —reconoció solo a medias.
    
    Nos volvimos a quedar en silencio. Traté de ser discreto, mover mi mano sin que Pello se diera cuenta. La colé por debajo del pijama. Sentía que mi pija seguía estando dura como una roca. Lo único que hice fue consolarla un poco por lo que le había dicho mi hermano.
    
    «Un gusanito… ¡Será imbécil!».
    
    Si la agarro tumbado apretándome el pubis, me llena la mano y todavía sobresale un poquito la punta. Es verdad que para pajearme uso tres o cuatro dedos porque me la meneo y despellejo mejor, pero no tengo un jodido micropene.
    
    —Cómo si tú me la hubieras visto dura alguna vez —le dije.
    
    Pero no quería decirlo, solo fue un pensamiento en voz alta.
    
    —El qué, ¿la picha?
    
    —Sí… Seguro que cuando venías a mi cama por las noches. —Ya puestos en materia, aproveché para lanzar aquella acusación, esa sospecha que alguna vez me había surgido sin darle importancia—. Seguro que esperabas a que me durmiese para meterme mano y ponérmela tiesa. Por eso sabes que no la tengo muy grande ¿verdad, guarro asqueroso? Menudo vicio tienes…
    
    Pello se echó a reír, sin decir ...
    ... que sí ni que no. El muy cabrón.
    
    Pude notar que se movía a mi lado pero sin llegar a percibir lo que hacía. Mi habitación por las noches me gusta que se quede completamente a oscuras. Sin lucecitas ni rendijas subidas. Oscuridad absoluta. Al remover el aire con el edredón, me llegó otra bocanada del pestazo que echaba su cuerpo excitado.
    
    —En mi cama no se te ocurra pajearte, marica —le advertí.
    
    —Si ya ni siquiera la tengo dura —me dijo.
    
    —Ya, claro… Eso no te lo crees ni tú.
    
    —Que es verdad, joder. ¡Mira!
    
    Antes de que me diera tiempo a «mirar» nada en la oscuridad, Pello me agarró de la muñeca. Arrastró mi mano hasta su polla.
    
    —Pero qué haces, idiota…
    
    Lo primero que percibí fue que no llevaba puesto nada. Se había quitado el calzón o lo que fuese. Por eso había removido el aire viciado bajo el edredón. Lo segundo fue que, efectivamente, no encontré un pichote tieso. Se me llenó la mano de carne, pero de verga flexible. Un buen rabo adormilado. Sentí hasta el cosquilleo de una abundante pelambrera en el pubis.
    
    A pesar de mi protesta, no me dejó apartarla. Tampoco peleé mucho por librarme de la sujeción. Palpé la pija de Pello como si le tomara las medidas. Y él encantado de la vida.
    
    —Yo sí que he salido a papá… —suspiró con satisfacción—. Cuando se me empina, se me pone tan gorda como el vergajo de un toro.
    
    —Pues no sé por qué no la tienes dura, si apestas a cerdo cachondo.
    
    —…a lo mismo que tú, gordito… —Eso último fue un susurro.
    
    Entonces ...
«12...456...14»