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Aritz Guzmán, desvirgador en casa
Fecha: 10/05/2026, Categorías: Gays Autor: GenteBCN, Fuente: TodoRelatos
... me soltó la muñeca y se fue directo a mi pantalón de pijama. Sentí un estremecimiento en todo el cuerpo cuando su manita llena de dedos largos y finos me agarró la picha como si fuera suya. De nuevo me dejé hacer sin plantar batalla. Porque era la primera vez que en la vida real me pajeaba una mano que no fuera mía. O eso pensaba yo. —…Mmm, es tal como la recordaba… —siguió musitando mi hermano. Sorprendido, giré la cara hacia él, aunque Pello no me viese. —Así que es verdad, cabrón… Me la tocabas mientras dormía. —Tocártela no… Mucho mejor. —Le fluyó una vocecita perversa—. Te la ponía durísima, la agarraba como ahora y te hacía unos pajotes la ostia de guapos. Y tú no te enterabas porque luego te dejaba la cuca bien limpia. —¡Pero qué dices, anormal! Tú no me… —Yo sí “te”, gordito… Y tanto que “te”. Ja, ja, ja… —Se echó a reír como un gilipollas mientras yo le seguía dando vueltas a lo que estaba insinuando. —No me lo creo —le dije. Su mano continuaba sobre mi rabo, en un lento subibaja que me estaba entusiasmando más de lo que quisiera—. No me creo que estuvieras tan puto enfermo como para hacerme eso que dices. —Me da igual que no lo creas… ¿Alguna vez te despertaste con el pijama lleno de corrida seca? No, ¿verdad? —No, que yo recuerde. —Claro que no, gordito —me dijo, ladeándose sobre el colchón para llegar hasta mi oreja— …porque yo me lo tragaba todo… igual que voy a hacer ahora si me lo pides como se debe… —Qué dices, tú… ¡Estás ...
... loquísimo! ¿Qué coño te has tomado, Pello? Tira para allá y suéltame el rabo, joder. —Le empujé el hombro, aparté su mano y me subí de nuevo el pijama. Como empezó a descojonarse de la risa, a mí me salió la vena del cabreo, así que le seguí empujando hasta que su cuerpo flacucho se desbordó fuera de la cama. Ni aun así dejó de reírse desde el suelo. Parecía borracho o drogado. Aunque no se había caído del todo. Solamente de cintura para arriba, se le quedó el cuerpo medio colgando. Pero como yo le escuchaba las risas desde el suelo, pensé que era ahí donde estaba. Tirado en el suelo. Estando a oscuras no pude suponer otra cosa. Pero resultó que no. No supe que la mitad de Pello seguía en la cama hasta que no me impulsé hacia ese lado para asomarme y echarle de mi cuarto. De pronto, me vi metido entre sus nalgas, con la cara plantada en su trasero. Literalmente. Me había dado aquel impulso con tanto brío que, en vez de asomarme al borde, lo que hice fue clavar mi nariz en mitad de sus dos huesudas y chupadas nalguitas. Fue un shock total para los dos. Porque le había empezado a decir: —Lárgate de mi puta habita… —y la frase se me quedó a medias. —…oh, joder… —A Pello también se le cortó la risa de golpe. No sé si mi hermano estaba apoyado en los codos o con la mejilla pegada a la alfombra. Lo único que sé es que suspiró como si le hubiera metido un buen pollazo en el ojete. Jadeó como si mi nariz hubiera empezado a follárselo. Y yo, hasta entonces ...